Efrain Castaño


Carlos Castro Saavedra consignó en frases de belleza literaria el elogio de los oficios en una obra que merece ser de nuevo leída, recomendada y dada a conocer, porque es un canto a la vida, al diario laborar llevando a realidad lo que dice la Escritura: “trabajen con sosiego para ganar su propio pan” (II Tes 3,12).
A inmensa distancia y con gran respeto deseo enaltecer dos profesiones que vale resaltar en el mundo de hoy; ayer 10 de mayo se conmemoró en Colombia “el día del Veterinario”, de aquel servidor de la humanidad que en el cuidado de los animales ayuda a una mejor marcha de la convivencia humana.
Claudio Varicel fundó en Bogotá la primera escuela de veterinaria el 10 de mayo de 1885 y por ello se continúa con el valor de esta fecha; gracias al veterinario, él o ella, que cuida las mascotas que lucen orgullosas en casa y campos, brinconas y graciosas, acompañando y entreteniendo a muchos humanos.
Gracias por ayudar a cuidarlos, sanarlos en las enfermedades, embellecerlos en su presencia que ya desde la pequeñez de un ave o un insecto hasta la enormidad de un felino o habitante del mar dan a la tierra de día y de noche la presencia de la vida, de movimientos, sonidos, cantos y presencias de belleza a veces imponente.
Hay que reconocer el servicio de la veterinaria como profesión en el mundo; su sabiduría hace posible la convivencia edificante y social de la raza humana y las razas animales variadas y llenas de sorpresas que dan movimiento a la vida y ojalá aprendamos a cuidar y tener nuestros animales de manera social, edificante y civilizada.
Para mañana doce de mayo debemos preparar una gratitud inmensa hacia quienes ejercen otra saludable profesión, mañana es el día de la “Enfermería” que bien sabemos quienes hemos estado en momentos de carencia de la salud o en búsqueda de un servicio de alivio en el dolor, cuánta esperanza nos dan, como caen como bálsamo sobre las heridas el recibimiento, el tratamiento, el seguimiento y el acompañamiento que aquel recordado enfermero y cariñosa enfermera siembran en tan difíciles momentos.
Cómo no agradecer cariñosamente a quienes en nuestras horas o periodos de decadencia están a nuestro lado con expresión sanadora; quienes hemos pasado por el cansancio, la enfermedad, el dolor, la ancianidad, la mutilación, el miedo a la cirugía, sabemos de valía.
Bella es la humanidad cuando cada uno ejerce su profesión, lo que sabe, para ayudar, calmar, animar, sanar y sobre todo... amar.
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