Efrain Castaño


El lobo la atrapa o la gaviota logra huir de sus garras; pero no es esta la historia o la fábula a contar; se trata de recordar que el 14 de enero de 1927 el escritor (Nobel de literatura 1946) entregó uno de sus más famosos escritos; Hermann Hesse publicó El lobo estepario que gustó por pintar la situación de muchos seres humanos, sobre todo después del golpe anímico de la primera guerra mundial que levantó una nube de miedo e incertidumbres sobre el futuro de la raza humana.
Hesse nació en 1877 en Alemania; sus padres quisieron que estudiara teología, pero después de algunos años él se inclinó por la mecánica y terminó haciéndose librero ya que su pasión por la lectura era grande e intensa. Le atrajo la India con sus costumbre y cultura.
Murió en Suiza en 1962 porque dejó su patria como protesta ante el régimen Nazi que él empezó a ver con reparos sociales; entre sus libros se deben recordar "Sidharta", "Gertrudis" y "Bajo la rueda"; su fecundidad literaria le hizo merecedor de múltiples premios.
En El lobo estepario Hesse presenta a Harry Haller un hombre amigo de la soledad y silencio, reflexivo frente a una sociedad inclinada a la violencia y mediocridad; el ser humano vive en una sociedad con valores y vicios, con la capacidad de ejercer el bien o el mal o quedarse en una malsana indiferencia.
Harry quiere aportar algo positivo a la sociedad; constata que tristemente (¿aún hoy?) "el hombre es lobo para el propio hombre", se vive entre ataques mutuos, mentira, opresión, calumnia, eliminación silenciosa o clamorosa violencia; para no naufragar ante la magnitud de esta inclinación humana es preciso como el lobo "ir a la estepa", al desierto, saber sacar espacios de reflexión, estudio, planeación, diálogo enriquecedor, mirada a los principios eternos, pararse sobre la roca firme y así no ser devorados por las manifestaciones bajas o pueriles de gran parte de la humanidad.
Ese panorama parece ser recurrente y repetitivo; otro escritor de épocas más recientes, Richard Bach retoma el tema descrito y lo resuelve en su corta y bella obra Juan Salvador Gaviota.
Es similar la trama: casi todas las gaviotas solo quieren volar para conseguir alimento, se posan horas en las rocas junto al mar esperando la aparición de un pez fácil de atrapar; se lanzan sobre él como flechas y después de devorarlo entran al reposo y digestión amena para lo mismo repetir mañana y pasado mañana.
Juan Salvador, la gaviota en mención, desea algo más: volar lo más alto posible, contemplar la tierra y el mar desde lo alto, convivir con el viento amigo para tener el placer de volar, no solo comer y reposar. Un día logra volar tan alto que sus mismas amigas gaviotas le aplauden como héroe.
Como el lobo o la gaviota todos necesitamos salir de la rutina, buscar espacios de oración, meditación y visión de vida nueva. Para esto
llega 2015.
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