Efrain Castaño


Alzaron la copa para brindar por el año que termina y el año que llega; los amigos estaban congregados con motivo del año nuevo; sobre el que terminaba había diferentes enfoques y sobre el año nuevo se escuchaban diversos deseos y conjeturas; parecía reunión de filósofos o gerentes en proyecto de futuro.
Uno, al cual se unieron algunos contertulios, envolvió el brindis en palabras de nostalgia: lo que pudo haber sido y no fue, lo que se comenzó pero se atrofió, lo que prometía ganancias y dio pérdidas; solo una pequeña porción de tiempo habría que destacar como positiva y de grata recordación.
Para unos una copa llena de veneno, traiciones y sinsabores, una copa que parecía romperse en los labios para no probar su ácido contenido; entre lágrimas y rabias algunos asintieron y con maldiciones enmarcaron el momento postrero de un año.
Otro, se puso en pie y enalteció el año que termina; es cierto, dijo, que no todo ha sido color de rosa y sabor de almíbar, pero es cierto que la vida más que en celebrar triunfos consiste en superar obstáculos que el pasar de los días trae; son muchos los avances que a nivel universal, nacional, local y personal hemos disfrutado; lo difícil hace más realista la visión de la vida y lo realizado en buena nota es parte de los aportes que la vida permite a cada uno; doy por ello gracias a Dios, a la vida, a la familia, a quienes abierta o calladamente han contribuido a mi avance, maduración y alegría.
Lo cierto es que este año, dijo alguno, ya hace parpadear la lucecita del tiempo, ya se está apagando este año por el cual invito a dar gracias a Dios y a quienes nos hacen felices la existencia; como lamparita de aceite su titilar tenue indica que el aceite de este año ya se termina, que quedan pocas gotas para quedar en oscuridad y despedida.
Pero en este momento hago memoria de lo aprendido en mi reflexión sobre el tiempo y su valor como parte de la historia; es luminoso recordar que desde lo bíblico el tiempo tiene un doble valor; el de ser cronológico, es decir el que se desgrana cada minuto con su carga de desgaste, firma de lo pasado expresado en el griego por la palabra "cronos" como significación de tiempo que pasa.
Pero además, afirmó el brindante, el tiempo es mirado como "gracia" es decir como don que enriquece, que abre futuro, que es fuerza de avance; viene del griego "jaris" que indica que el tiempo no se estanca, no se pierde sino que todo es ayuda y luz para el que cree en Dios.
Escuché de alguien, anotó una voz femenina, que es oportuno tener en cuenta que la Historia de la salvación es la salvación de la historia, que desde Jesús de Nazareth el tiempo es historia que salva la vida si se vive en el amor.
Buena nota para abrir el nuevo año, afirmaron todos y al llegar las doce campanadas se unieron y se pusieron bajo la bendición de Cristo, luz de la historia.
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