Efrain Castaño


La certeza total en la vida no siempre aparece refulgente y clara; Colombia y Estados Unidos lo han vivido después de votaciones que buscan en la política mejorar la vida social: el sí y el no continúan en discusión y en discrepancia.
Es tiempo de maldecir o bendecir, de gozar o temer, de tranquilidad o malestar; las preguntas surgen a raudales como ya lo indica el libro bíblico del Eclesiastés: “esto no tiene sentido, nada a qué aferrarse, qué le queda al hombre de todas sus fatigas?; es caminar entre dudas con su resultante el cansancio y malestar de vivir.
Por encima de lo anterior hay una actitud que nos puede ayudar a mantenernos vivaces, con la dosis necesaria de realismo y optimismo, con el ejercicio normal de las facultades de nuestro cuerpo.
Hace bien sentarte con calma y ejercitar tus sentidos; mira el sol una mañana y toma conciencia de la majestuosidad en su aparición en el horizonte, en el ver la luz que irradia iluminando todo, dejar que el calor cubra tu cuerpo como baño de vitalidad.
En la noche te hace bien mirar el firmamento donde la luna recorre con su cortejo de estrellas regalando su luz tenue y serena con el titilar juguetón de las estrellas; allá al fondo puedes divisar la estrella polar que a 97 años luz de distancia se deja ver como regalo acariciante del misterio de la existencia.
Cuando el agua baña tu cuerpo estás usando uno de los elementos más antiguos de la historia de la humanidad, un mensaje de la génesis de la vida; te está empapando otro misterio que emana la existencia del universo y que por estar tan cercana al diario vivir la ignoramos en todo su valor.
Puedes mirar tu hogar, sitio bendito de tus goces y tristezas donde ríes y lloras, te enfadas y reconcilias, hablas y callas y siempre eres comprendido, amado, esperado, perdonado, donde siempre hay un rincón que es tuyo, tu propiedad, el lugar donde te cobija el amor de la sangre familiar.
Puedes mirar tu Parroquia, porción vital donde encuentras Palabra eterna, Pan de fuerza, atención amable en todo, día o noche; allí hay un hombre débil como tú pero fuerte como el amor que labora para tener un templo bello, apto para oración, canto y celebración, para que encuentres refugio y fortaleza porque te da a Dios en jornadas de afecto y cuidados.
Puedes mirar mucho más; lo importante es que captes que todo ello se te da gratuito, que cae sobre ti a raudales diarios, que sale de las manos del Creador como rayos de misericordia y fortaleza que dan la certeza de ser definitivamente amados, nunca solos o abandonados; solo se nos pide saber mirar, querer reír y dejarse amar.
Entre el sí y el no hay una certeza que alguien enmarcó diciendo: la más veraz confesión de amor que he recibido me llegó de una cuna y una cruz, de Navidad y Pascua, que se expresan cada día en raudales de vida.
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