Efrain Castaño


Hoy es día propicio para agradecer y admirar la profesión de quien hace posible que el pan esté en la mesa desde la mañana hasta la noche, casi siempre fresco, en toda ocasión agradable y disponible tanto en la mesa del más rico hogar como en el más pobre, gustoso para el niño y hasta para el anciano pasando por el hombre y la mujer adultos.
Solo, acompañado o acariciado por la mantequilla o la mermelada, es siempre sabroso nuestro “pan de cada día, ese que agradece aquel que tiene hambre, está solo o no tiene hogar; es el pan que deleita todas las bocas y por eso Carlos Castro cantor de los oficios humanos anota “el panadero es lo mismo que intermediario entre la tierra y el hombre, entre la generosidad de Dios y el deseo de las bocas hambrientas”.
El trigo nacido en la amplia despensa que es el campo, llega a nuestras mesas para alimento suave gracias a la masa que el panadero acaricia en la mesa y que después retira con sonrisa en su rostro del horno caliente y exhibe en el platón convertida en caritas rosadas y calientes y llegan a nuestras bocas como algodón suave de rico sabor.
Gracias al panadero por cumplir el deseo de Cristo: “que haya el pan de cada día” para todos colocado en la mesa solemne y misericordiosa del Altar Eucarístico como en la mesa sencilla de un hogar donde padres e hijos toman el trozo sabroso y mastican la energía para el reto que presenta el nuevo día.
Es increíble y majestuoso cómo el trigal inmenso que mece las espigas de un inmenso sembrado, llegue a ser el pan colorado, caliente y suave que en nuestra mesa es alimento universal y deseado, laborado por las manos del panadero, él o ella que acariciando y golpeando la harina mezclada de agua fresca nos regala el momento grato: gracias por el pan de cada día, universal, que une y hace fuertes las razas de todos los pueblos de la tierra.
Es tan importante el pan que la Biblia resalta desde el primer capítulo del primer libro que presenta en poesía y bella narrativa la génesis de todo: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, es un regalo que requiere la responsabilidad del trabajo y estar presentes en la diaria lucha por la mejora del mundo.
En Génesis 40 figura ya la profesión del panadero como servicio a la humanidad que deleita desde el Faraón hasta el más humilde de los esclavos hebreos; a todos da fuerza, energía móvil, vitalidad en la diaria contienda.
Tan importante es el pan que se habla de Belén como “casa del Pan”, sitial del cual nacerá para la humanidad anhelante de verdad el pan de Vida, el cercano y sabroso Jesús de Nazaret que se entrega en intimidad a quien le come en la mesa sagrada.
Gracias al panadero que nos ofrece el siempre sabroso pan de cada día.
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