Efrain Castaño


En literatura, televisión y cine salen títulos parecidos: destructor, destroyer, matrix y muchos otros; es la aparición de persona que con su sola presencia siembran pánico, miedo, deseos de tener defensa y libertad.
Así como es acto para descalificar el tirar ácido a un rostro humano para dañarlo y desfigurarlo y es clasificado como delito, guardando las distancias es también rechazable ciertos actos que se están volviendo expresión diaria y cercana.
Tomar el transporte en una de nuestras bellas busetas, cómodas y bellas, es agradable pero de verdad que a veces se ve la mano destructora de algunos vándalos y malos seres humanos que hacen daños con una mente que uno no sabe qué tiene dentro.
Con frecuencia usted se sienta plácido pero se inquieta al ver cómo una mano dañina ha pintado casi siempre con marcador indeleble en el espaldar de la cómoda cojinería unas letras o dibujos a veces de bajeza que hace sonrojar; a veces se llega hasta el destructor acto de rajar de arriba a abajo el espaldar destruyendo una silla bonita y bien presentada.
Algo parecido sucede al recorrer la ciudad y hasta las carreteras porque a lado y lado en muros y paredes, casi siempre en la noche, amigos de la destrucción escriben o dibujan frases o figuras casi siempre en otro idioma, o en letras que no se entienden o en dibujos fantasmales, desorbitantes, desencajados.
Alguien dirá que es arte, expresión de cultura actual, pero respetando esas opiniones parece útil destinar ciertos parajes para esa pintura o leyenda a veces extraña y hasta vulgar; arte no se trata de ensuciar muros y paredes sino de convertir en bonita expresión esos lugares a la manera como el buen pintor expresa en un lienzo el gusto por la vida o el reclamo por lo mejor.
No es justo que aquella familia que hace el gusto de pintar el frontis de su casa con esfuerzo y trabajo, una mañana encuentre que ha sido rayada con letras o dibujos la mayoría de veces de mal gusto o que no se puede entender.
No creo que sea arte el pintar a veces garabatos en un muro de un edificio levantado en bella piedra o con adornos de fina arquitectura pero que en una noche son afeados por destructores de turno.
Es cierto que hay que favorecer las expresiones del pensamiento actual, pero también es cierto que no se trata de destruir sino de embellecer, hacer agradable el entorno, el ambiente, el hábitat diario.
Todo ello forma parte de la conservación del ambiente vital que debemos cuidar como nos inspira el papa Francisco en su carta "laudato si" como eco del amor de Dios.
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