Efrain Castaño


Cristóbal Colón tocó varias puertas y coronas ofreciendo el sueño que tenía en su cabeza: ir más allá y descubrir algo nuevo; él sabía que la tierra era extensa e iba más lejos de lo que veía o le contaban; nadie le aceptó sus razonamientos soñadores: solo una mujer, la reina Isabel de España quien convenció al rey Fernando para dar el apoyo.
Se la ha llamado la descubridora del descubridor, la que le abrió las posibilidades de ir adelante hasta el triunfo; arriesgó pero ganó; mucha falta nos hace las personas que apoyan, impulsan y aceptan los sueños, anhelos y deseos; muchos se quedan en mitad del camino por falta de aceptación, credibilidad y apoyo a quien ofrece ilusiones y proyectos.
Al amanecer del 3 de agosto de 1492 Cristóbal Colón y sus compañeros de la aventura vislumbrada ocuparon las tres naves que consiguió Colón para el viaje; La Pinta mandada por Martín Alonso Pinzón, la Santa María en la cual iría el jefe descubridor y la Niña con Vicente Ibáñez al mando; ciento veinte personas en total.
Las tres naves empezaron a deslizarse y balancearse en las aguas del océano, avanzando hacia una auténtica aventura: ir en busca de nueva tierra o buscar el camino más corto para ir a las Indias; era una empresa arriesgada, peligrosa y un poco anti popular.
Se empezó lo que sería dos meses y medio de navegación, entre euforias, miedos y desesperanzas; sed y hambre no faltaron, confusión, rebeldía y motines tampoco faltaron; pero la mano experta de Colón con su voz convencida supo mantener la osadía y el atrevimiento de seguir en la realización del sueño descubridor.
Desde esas naves se escuchó cada día la plegaria y el canto como expresiones de mantener el ánimo, la unidad y la fe; un navegar de valentía en medio de un bravío mar que aquel doce de octubre selló el triunfo, la llegada a tierra firme, la escucha de voces, cantos y sabores que la tierra firme ofrece a quien se entrega a la realidad de la búsqueda, al atreverse a dar pasos de novedad, investigación y triunfo.
La vida en su diario acontecer necesita de sueños, deseos, osadías y atrevimiento por ascender a lo mejor, buscar lo que aún no es claro, aunarse para juntos conquistar: con el anuncio del Evangelio o el ofrecimiento de vida nueva, feliz y mejor.
La investigación y el trabajo personal en el hogar, la educación y hasta el juego son ocasiones de avanzar y crecer en la vida personal y comunitaria; caminar juntos es manera de vencer los obstáculos, avanzar en las dificultades y superar los naturales desalientos o miedos.
Me gusta la invitación que hace Jesús a la osadía: “rema mar adentro” (Luc 5) es consigna de avance y superación; cada uno tiene algo que aportar al mundo.
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