Efrain Castaño


No hablaré de aplausos y felicitaciones para alguna selección de fútbol ahora que el mundial cubre el mundo; ya los notables para estos comentarios lo harán en su respectivo momento y ojalá Colombia entre a la nómina de sobresalientes; eso es bueno para el país.
Me refiero al aplauso bien merecido para los organizadores y ejecutores de conciertos de música clásica que en estas semanas se han dado en nuestra ciudad y comarca; escuchar esta música que es sintonía de belleza, armonía, instrumentos, artistas y oyentes lleva a momentos de elevación del espíritu, de casi éxtasis adornado por las múltiples emociones de los momentos sucesivos de las obras musicales.
Algunas veces asistí a audiciones o interpretaciones ejecutadas por renombradas orquestas sinfónicas, casi todas extranjeras, que se enmarcaban en la interpretación de solistas de alta calidad; Artur Rubinstein al piano y Pablo Casals en el violoncelo, así como Paco de Lucía en la guitarra eran momentos de perfección en la ejecución.
Gracias al acetato (LP), el cassette o el CD uno podía tener el contacto con inmortales obras musicales que envolvían la existencia en la emoción de lo bello, en la cercanía a lo feliz y hermoso; de vez en cuando aprovechando la visita a Europa se podía asistir a un solemne concierto en uno de los teatros famosos del mundo.
Pero la novedad de lo que deseo consignar ahora es de un altísimo valor y significado; ya no hay que acudir a la grabación siempre extranjera de música clásica para escucharla, ya no es necesario ir a los grandes escenarios europeos en la grandiosidad e historia de teatros bellos.
Aquí muy cerca, en nuestro medio, en bellos y modernos escenarios podemos vivir la experiencia de la audición en vivo de las obras más famosas y hermosas de la música sinfónica, que aúna en melodía de altísima perfección las expresiones del arte del sonido y la armonía.
Personalmente viví la emoción de experimentar esta perfección musical interpretada por artistas de nuestro medio, que conocemos en aquel barrio, aquel colegio o universidad; sobre todo entusiasma ver que en su mayoría son jóvenes, muy jóvenes y no dejan nada qué desear frente a las grabaciones que se escuchaban hechas con grandes técnicas europeas.
Aumenta la admiración cuando los solistas son también jóvenes que ya son capaces de interpretar con el virtuosismo de un Rubistein o un Casals los instrumentos de difícil manejo, pero artística expresión.
Emocionantes y dignos de repetir los conciertos como el del 5 de junio en nuestro querido teatro Fundadores con la Orquesta Sinfónica de Caldas y el solo al piano de Cristian Guzmán Prada; interpretar a Tchaikovski o a Brahms al piano es un reto que llena de satisfacción al ver hacerlo a un adolescente y una juvenil orquesta sinfónica.
Qué bueno tanta belleza unida a la ejecutada cada domingo por la orquesta juvenil en el Parque Ernesto Gutiérrez.
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