Efrain Castaño


Era de apellido Cepeda y Ahumada y nació en Ávila (España) en el año de 1515; su infancia no fue fácil y de joven fue inquieta, amigable, alegre y sana; a los 18 años decide ingresar al convento Carmelita en búsqueda de una vida recta, con retos y ascensos en el conocimiento de Dios.
No era de temperamento pasivo sino de inquietud por hacer siempre lo mejor, de hacerlo de manera lo más perfecta posible y en medio de la alegría expresada en una existencia fraterna, servicial y enraizada en la oración porque gustaba de "conversar con Dios como con un amigo".
Su fuego interior le llenó de ímpetu y quiso emprender la tarea de multiplicar fundación de conventos por toda España para crear hogueras de amor, luces de esperanza y sitios de acogida en servicio a los más pobres entre los cuales consideraba a los que no creen en Dios ignorando así la fuerza para vivir.
Más de quince fundaciones hizo en toda España y de verdad que prendió muchos corazones para el conocimiento del amor de Dios y la manera de mejor servirle fuera en un convento, en un hogar, en todo sitio ya que en todas partes podemos ser hijos de Dios que le alaban y celebran.
Andariega ciertamente fue porque recorrió casi toda España y revolucionaria porque iluminó con el gozo el seguimiento y servicio a Dios; sus conventos se llenaron de buen trato a visitantes y de cantos de alabanza que en ocasiones ella misma componía.
Tenía en verdad facilidad para hablar, escribir, exponer y cantar con alegría siempre en alabanza al Señor realizando lo que alguien anotó: santo es aquel que se sabe contemplar con gozo en todo la presencia amable del Señor.
Dejó no solo en su obrar sino en sus escritos un legado de valor perenne, de enseñanza espiritual de altísimo contenido que son como eco de la belleza enamorada del Cantar de los Cantares.
Para quien quiera conocer su talante organizativo y de liderazgo encuentra en sus cartas, su autobiografía, el libro de las Fundaciones y las relaciones de viajes, mensajes que son invitación a salir de la pasividad creyente que tantas veces se apodera de nosotros.
La profundidad de su pensamiento cristiano lo hallamos en especial en dos de sus obras: "El camino de perfección" y "Las moradas" o Castillo interior; sabiamente nos recuerda el llamado a vivir en camino, no estancados y sin ilusiones, sino en avance de diaria perfección en lo que pensamos, decimos, hacemos; a la vez recuerda que esto no ocurre de repente sino que en el libro las moradas imagina un recorrido por un castillo lleno de salones en cada uno de los cuales encontramos interesantes enseñanzas.
Esta andariega santa nos deja inmenso tesoro de vida; por algo la Iglesia la considera "doctora" en vida feliz.
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