Efrain Castaño


La prensa mundial registró el 30 de noviembre del año dos mil uno una noticia que sacudió el ámbito de la cultura musical y cinematográfica; el día anterior había fallecido en Los Ángeles el señor George Harrison, caballero inglés nacido en Liverpool.
Vale la pena no dejar pasar desapercibido este hecho pues el Sr. Harrison fue nada más ni nada menos que uno de los integrantes del famoso grupo The Beatles, que revolucionó el sector de la música por la novedad de sus interpretaciones, por ser sus componentes jóvenes y por expresar gran parte del pensamiento juvenil de la época.
Después de haber subido a la cúspide de la fama con su grupo y desde la muerte de Jhon Lennon lo que trajo un bajón en el conjunto musical tan famoso, Harrison entró al campo de la producción cinematográfica produciendo cintas con protagonistas de la talla de Madonna.
La revista Rolling Stone que orienta gran parte de la opinión musical del mundo publicó al terminar el siglo XX la lista de los 100 guitarristas mejores de la historia y clasificó al Sr. Harrison en el undécimo lugar.
Entre las muchas cosas que se puede decir de este indiscutido valor musical que se codeó con el actual premio Nobel de la literatura, el Sr. Bob Dylan, quiero hacer énfasis en una página suya que ambienta muy bien el tiempo de Adviento como preparación a la Navidad.
George creó una bella canción: “mi Señor” que interpretó muchas veces en las giras con el famoso grupo de los Beatles; en esta canción hace expresión del deseo de muchos seres en la historia: ver al Señor, creer en Él, tratar en amistad con Él.
La letra es en verdad de religioso contenido: “Oh Señor, mi Señor, yo necesito verte, yo contigo quiero estar, quiero conocerte, ven Señor”; parece un salmo bíblico y en verdad que es salmo o canto de súplica, deseo, oración.
Adviento es tiempo de espera en la llegada de alguien, en este caso del Señor Jesús, que mucho tiene que decir a nuestras angustias, fracasos, luchas, sinsabores, oscuridades; son tantos los interrogantes frente a los hechos de injusticia, sufrimiento, inmensidad misteriosa del universo que en su totalidad supera la suma de fenómenos naturales, estudios científicos y ecuaciones matemáticas.
Siempre hay en el ser humano la pregunta por su existencia, el por qué de su inicio y el cómo y para qué de su final, el anhelo de una vida justa y sin opresión, de mayor sinceridad, sin tanto orgullo, mentira e infamia, persecución y violencia.
Los villancicos son en idioma sencillo y en música amorosa la expresión de la canción de Harrison; son anhelo y jolgorio al vislumbrar en medio de tanta oscuridad rayos verdaderos de luz que viene de la cuna de Belén, expresión de amor y sentido de vivir.
Adviento nos introduce a la Navidad, la pregunta a la respuesta, la duda a la certeza, la oscuridad a la luz, el miedo al amor; vivamos en espera y anhelos bellos como Harrison.
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