En Colombia hay dos santos cuyos nombres se apartan del significado histórico que la religión católica les ha asignado: San José y San Antonio. En realidad son los dos únicos Macroproyectos de Vivienda de Interés Social en el país que se formularon bajo el criterio de la renovación urbana. El primero en Manizales y el segundo en Buenaventura. Llevan casi una década de ejecución y aún son pocas las viviendas construidas, pero sígeneran un proceso continuo de desplazamiento intraurbano, de “limpieza social” como lo llaman algunos, de “gentrificación” como le dicen otros; en últimas, de expulsión de comunidades pobres, desempleadas o subempleadas, de las áreas centrales de ambas ciudades para favorecer negocios inmobiliarios de altas rentas.
Pueden estar afectadas entre 50 y 80 mil personas. A ninguna de ellas le consultaron si querían irse y tampoco les ofrecieron alternativas incluyentes. La mano poderosa e invisible del Estado llegó por sorpresa para comunicarles que en nombre del “interés general” y para salvar sus vidas de un riesgo inminente (deslizamiento o tsunami) debían abandonar sus viviendas so pena de ser expulsadas. Una vez más se reprodujo el mito del pecado original de la biblia: ¡¡fuera del paraíso!! O venden o se les expropia, le dicen a los habitantes de la Comuna San José; o salen para San Antonio o se mueren, le anuncian a las comunidades negras en la zona de bajamar de la Isla Cascajal. Aunque los métodos son distintos, el fin último es el mismo: desplazamiento.
Las tristemente “casas de pique” en la zona de bajamar ya han producido decenas de muertos. En San José, funcionarios de la ERUM andan poniendo edictos en las casas de los legítimos propietarios de sus viviendas, anunciándoles una fecha de salida para proceder a destruir sus inmuebles como si los hubiese poseído una enfermedad contagiosa. La muerte también ha tocado a niños inocentes que juegan en medio de muros inestables de casas desocupadas en San José sin una adecuada protección, a familias desaparecidas por el deslizamiento que produjo sobre sus casas la construcción de los primeros 24 apartamentos en la parte alta del terreno, o a adultos mayores que mueren por enfermedades inexplicables, en medio de la depresión y el desconcierto.
Pero el gobierno nacional y las alcaldías locales insisten es que es por el bien de las comunidades y por el “progreso”, esa palabra que nadie cuestionaría en principio, pero que al final hace más ricos a algunos y más pobres a otros. En San José no está muy claro cuáles serán los beneficiarios reales, en cualquier caso, no lo serán sus históricos moradores como leshabían prometido porque una parte de ellos han salido. Solo se sabe que una avenida de doble carril consume la mayor parte del presupuesto, aunque la intensión inicial era construir viviendas para mejorar sus condiciones de vida. La vía bordea los predios más planos que se van integrando unos con otros para formar uno más grande, adquiriendo mayor valor, tanto por su tamaño como por las adecuaciones y mejoras que hace la Alcaldía con recursos del municipio para proceder a su venta. Ahí está “el almendrón” del proyecto, eufemísticamente denominado “zona mixta”. En Buenaventura ya llegaron los inversionistas nacionales y extranjeros que construyen el Malecón “Bahía de la Cruz” con hoteles pomposos, comercios y servicios de alto valor. La crucifixión de unos, significa la redención de otros, incluido “el milagro” de la desaparición del peligro de Tsunami. En Manizales, el riesgo de deslizamiento simplemente desapareció por decreto, después de algunos años de expulsión de habitantes. Pero sobre esas mismas laderas inestables, se construirán apartamentos de 10 o 12 pisos, costosísimos, debido a la adecuación de grandes pantallas de concreto con las cuales se previenen futuros deslizamientos.
Yo quiero hacer un llamado al gobierno nacional y a los nuevos gobiernos municipales de Manizales y Buenaventura para que reformulen estos macroproyectos “non santos”. Y lo hagan con sentido humano, con inclusión. Estas comunidades tienen derecho a vivir en el centro de las ciudades. De nada sirve tener casa propia si no hay trabajo, ni identidad, ni memoria. Así no se hace la paz territorial.
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