Beatriz Chaves Echeverry


Muchos colombianos hemos estado pensando en la paz por estos días, se habla del fin de la guerra en el país, una guerra que nos ha acompañado por décadas. Algunos miran el proceso de paz como algo lejano a su realidad; está pasando en un país alejado de nuestra tierra y los protagonistas son unos señores que conocemos por fotos o por televisión.
Pero existe una paz que afecta nuestra realidad directa; es la paz que podemos comenzar a construir en nosotros mismos. Porque para que el país cambie tenemos que asumir ese cambio de manera personal. La paz que parece más cercana pero es la más difícil de alcanzar, es la paz interior, quien la tiene puede considerarse un verdadero maestro, así ejerza el oficio más humilde. Y no nos tenemos que sentir mal por no haberla conquistado, simplemente debemos aceptarlo y tratar de mejorar. El primer paso para cualquier proceso de cambio es traer al consciente lo que está en el subconsciente; es decir, dejar de actuar en piloto automático y observarnos más; observar nuestras respuestas, nuestro Yo reactivo; ese que ataca o huye y enseñarle que existe otra manera de responder.
El doctor Joe Dispenza, neurocientífico, da unas claves para romper esas conductas usadas por mucho tiempo; lo primero que necesitamos es la clara intención y un pensamiento. Nuevos pensamientos nos llevarán a tomar decisiones diferentes; éstas generarán comportamientos distintos, los cuales crearán nuevas experiencias, que producirán emociones diferentes a las que estamos acostumbrados a sentir, las cuales a su vez nos inspirarán nuevos pensamientos; a esto le llama el neurocientífico evolución.
Esa es la ruta del cambio que propone Joe Dispenza. El doctor explica que se cambia de comportamiento cuando le enseñamos al cuerpo a sentir de otra manera; cuando aplicamos lo que aprendemos intelectualmente le enseñamos al cuerpo a sentirse diferente; este cambio se refleja en nuestra fisiología a nivel neurológico, bioquímico y hormonal. Si logramos que nuestro cerebro trabaje de manera distinta estamos cambiando nuestra mente, pues la mente es el cerebro en acción. La tarea que nos propone este neurocientífico está en ir del conocimiento a la experiencia y luego a la sabiduría o, expresado de otra manera, de la mente al cuerpo, hasta alcanzar el alma.
Al entender que la manera en que pensamos, sentimos y actuamos forman la personalidad y ésta a su vez produce la realidad, vemos con claridad que para cambiar la realidad que nos rodea debemos generar el cambio en nosotros, si no rompemos la secuencia seguiremos teniendo los mismos resultados.
Ese es el reto que debemos asumir todos los colombianos, pues la manera más cierta en la que podremos tener un país en paz es construyéndola en nosotros mismos. Ese tratado puede ser más largo y más complejo que el que se está redactando en La Habana, tiene otros actores y protagonistas; nosotros y nuestras culpas, los conflictos no resueltos con nuestros padres, hermanos, hijos, parejas, exparejas, amigos actuales y otros que ya no lo son, socios, jefes, exjefes, vecinos, en fin, todos los seres con los que interactuamos y son parte de nuestro pequeño mundo, interno o externo, porque algunos de ellos son parte de un pasado que no hemos querido soltar; con todos ellos tenemos el reto de construir la paz.
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