Beatriz Chaves Echeverry


El tema de la muerte siempre es difícil de abordar. Leí una entrevista a un afamado neurocirujano inglés, Henry Marsh, quien con toda su experiencia plantea la dificultad de hablarle a los pacientes y a sus familiares sobre la gravedad de sus diagnósticos: “la verdad es aterradora”, afirma el sabio doctor. Me gustaría compartir una anécdota de una cirujana. Hace poco la hija de una paciente se acercó a ella pidiéndole que le dijera la situación real de su mamá, con toda franqueza ella le explicó lo que tenía y la reacción de la mujer fue de rabia; la acusó de falta de ética, la insultó y se quejó con la parte administrativa de la clínica, para luego admitir que en realidad ella no quería que la cirujana le dijera la verdad…
Cuando recibí el diagnóstico del cáncer de mi esposo el médico fue brutalmente honesto; me dijo exactamente lo que iba a pasar, cuántos meses de vida le quedaban (fue tan exacto que solo se equivocó por 5 días), también me advirtió que nos iban a ofrecer quimioterapia, la cual no le iba a servir para nada. Fue como recibir la notificación de una condena a muerte. No había nada qué hacer. El dolor fue inmenso, pero yo no insulté al doctor, eso sí le rogué que no le dijera a mi esposo las cosas tan crudamente como me las había dicho a mí, pues teníamos una niña de tres años y yo quería que él conservara la esperanza de vivir. La honestidad del médico, aunque dolorosa, me sirvió para comenzar a prepararme para la realidad que me esperaba, con base en ella tomamos varias decisiones, entre ellas la de descartar la quimioterapia. Intentamos otro tipo de tratamientos, pues quedarse con las manos cruzadas es muy difícil y, como dice el dicho, la esperanza es lo último que se pierde, aunque muy pronto me di cuenta que tampoco servían para nada. Si fue lo mejor, no lo sé, pero creo que mi esposo utilizó el tiempo que le quedaba acercándose a Dios y tuvo una muerte digna.
A la pregunta de cuánta información se le debe dar a un paciente y a sus familiares cuando algo está mal, el doctor Marsh afirma: “Es muy difícil, la respuesta es que no puedes decirles la verdad totalmente porque la verdad es aterradora”. Qué delgada línea, cómo no cruzarla… En mi caso agradezco que el médico que diagnosticó a mi esposo hubiera sido totalmente honesto; sí, la verdad fue desgarradora, pero también necesaria. En lo que estoy totalmente de acuerdo con el sabio doctor es cuando afirma: “La manera en como presentas la información es muy importante porque tienes que preservar la esperanza y la confianza al mismo tiempo que la honestidad, y eso es muy difícil”. Admiro a los médicos, quienes diariamente se enfrentan a situaciones tan complejas y dolorosas para los seres humanos sin un claro manual de instrucciones; les piden honestidad pero a veces las personas no aceptan la realidad y se van en contra del médico. El ejercicio de esa profesión exige humanidad, honestidad y sutileza, imprescindibles ingredientes que casi nunca se encuentran juntos.
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