Luis Alfonso Arias A.


Retomo hoy, gracias a la generosidad del señor director, a mi habitual columna que podrán encontrar los amables lectores, a partir de hoy, el viernes cada quince días. Espero que este año venga cargado de ilusiones para todos, no obstante el difícil panorama económico que nos tocará presenciar durante este 2016 que apenas comienza.
Para entrar en materia, les cuento que esta semana me encontré un reciente estudio elaborado por la famosa organización no gubernamental denominada OXFAM, la cual trabaja desde hace más de 20 años en proyectos de lucha contra la pobreza. Los propósitos de ayuda humanitaria de emergencia son su fuerte. Actualmente la organización tiene asiento en 17 países, entre ellos Francia, Alemania, Gran Bretaña, China, Japón, España y Estados Unidos.
Y llamó particularmente mi atención el estudio, puesto que comienza citando una cifra que produce escalofrío: El 1% de toda la población del mundo, posee más riqueza que el otro 99%. Precisamente, el estudio tiene por título “Una economía al servicio del 1%” y en él se pretende mostrar una clara radiografía de la crisis de desigualdad que vive nuestro mundo y que lamentablemente está fuera de control. De ello también habló el nobel de economía 2001 Joseph Stiglitz en su libro “El precio de la desigualdad”.
¿Recuerdan ustedes la famosa lista Forbes? En dicha relación, la prestigiosa revista que lleva el mismo nombre, publica anualmente el listado de las personas más adineradas del mundo. Pues bien, según el estudio de OXFAM, en el año 2015 las primeras 62 personas más ricas poseían la misma riqueza que 3.600 millones de semejantes (la mitad más pobre de la humanidad).
“Los ingresos medios anuales del 10% más pobre de la población mundial, en quienes se concentran pobreza, hambre y exclusión, han aumentado menos de tres dólares al año en casi un cuarto de siglo. Sus ingresos diarios han aumentado menos de un centavo al año”.
¿A dónde nos llevará toda esta carrera desenfrenada? ¿Cuál será el panorama dentro de 50 o 100 años? ¿Qué les espera a nuestros hijos y nietos?
Hace pocas semanas el brillante científico Stephen Hawking expresó unas palabras que vienen como anillo al dedo: “La inequidad económica se dispararía a medida que los puestos de trabajo se convirtieran en tareas automatizadas, ocupadas por las máquinas, y los ricos, dueños de esas máquinas, se rehusaran a compartir el rápido bienestar que este proceso les generaría”.
“Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo las cosas son distribuidas. Todos pueden disfrutar de una vida de lujos si lo que producen las máquinas es compartido, o más personas pueden terminar miserablemente pobres si los dueños de las máquinas hacen lobby en contra de la redistribución. Hasta ahora, la tendencia parece inclinarse por la segunda opción, con la tecnología volviéndose cada vez más inequitativa”
“Esencialmente, los dueños de las máquinas se posicionarán como la burguesía de una nueva era, en la cual sus corporaciones no proveerán de puestos de trabajo a las personas. Por lo tanto, el tan temido Armagedón no vendrá de la mano de los robots (como tantas películas de ciencia ficción nos han querido hacer creer) sino que será generado por el propio ser humano”, asevera Hawking.
Impresionante reflexión que así estemos del lado derecho o izquierdo del espectro político, resulta incontrovertible. Lo cierto es que este contraste entre el estudio de OXFAM y las palabras de Hawking, debería invitar a la reflexión de si la humanidad debe seguir por el camino que viene o si por el contrario conviene retomar el rumbo apropiado.
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