Luis Alfonso Arias A.


Hace dos semanas dediqué esta columna a mencionar algunas implicaciones que para nuestro país traerá la disminución del precio del petróleo, en razón del gigantesco hueco fiscal que se abrirá en el presupuesto nacional por el menor recaudo de las rentas derivadas de la actividad petrolera y por las menores utilidades que transferirá Ecopetrol a la Nación. Muy pronto veremos las consecuencias de ello, pero lo cierto es que el hueco lo terminaremos tapando todos los colombianos, vía mayores impuestos: IVA, CREE, 4 por mil, impuesto a dividendos, mayores tarifas de ‘imporrenta’, nuevas formas de tributación para empleados, entre otros. Por eso se habla con tanta insistencia de la famosa reforma tributaria estructural que, dicho sea de paso, será el primer asunto en la agenda del próximo presidente de Colombia.
Pero por más estructural que resulte una nueva reforma tributaria, por dolorosas que sean las medidas aplicadas y por onerosos que sean los nuevos impuestos decretados, hay un tema mucho más grave, complejo y difícil de resolver, que debería preocuparnos en mayor grado por las aún peores consecuencias que ocasionaría.
Resulta obvio que al disminuir el precio del petróleo también bajan los ingresos de las compañías petroleras; lo que precipita a estas empresas a tomar dos decisiones fundamentales: (I) incrementar la producción a marchas forzadas para amortiguar los menores ingresos; y (II), recortar sus programas de inversión en nueva perforación de pozos, con lo que la posibilidad de nuevos hallazgos se reduce sustancialmente. Dos medidas incontrovertibles en el campo financiero y empresarial que tomaría cualquier empresario.
Pero estas mismas medidas pondrán en aprietos al sector petrolero del país. Veamos por qué: mientras mayor sea la extracción de petróleo y menor el ritmo de perforación de nuevos pozos, la variable que resultará afectada serán las existencias petroleras colombianas. Gastamos más rápido el hidrocarburo que tenemos en reservas y al mismo tiempo no hacemos el esfuerzo necesario para hallar nuevas fuentes de extracción. Y la pregunta obvia en este caso es: ¿hasta cuándo alcanzarán nuestras reservas petroleras? Pues sepa Usted que son muchos los cálculos que hacen los expertos en la materia, pero ninguno va más allá de plantear que alcanzarán para los próximos siete (7) años. Y después: "pailas"
De acuerdo con la Asociación Colombiana de Petróleos, en el 2014 se exploraron en Colombia 113 pozos mientras que en el 2015 se planean sondear 91. Pero la misma entidad sostiene que anualmente deben explorarse al menos 200 pozos nuevos para que pueda mantenerse el crecimiento sostenido de las reservas petroleras.
Resulta imperativo para nuestro país que se adopten verdaderas medidas de choque que, sin timideces, incentiven al máximo los programas de exploración petrolera; con exenciones tributarias al 100%, no solo para las que se hagan en mar abierto, sino para todas; incentivos para la ejecución de los actuales programas de exploración: mayor pragmatismo en el licenciamiento ambiental y por supuesto, amplio compromiso de las comunidades.
Además requiere un compromiso de mayor responsabilidad y grandeza: hay que dejar de basar nuestra economía en un bien tan volátil como el petróleo. Más bien invertir en educación, investigación y desarrollo, así sean resultados a largo plazo, para que la economía colombiana se sustente en la exportación de bienes con valor agregado.
Si hoy nuestra economía se ve tan fuertemente golpeada porque el precio del petróleo ha bajado a la mitad, ¿se imagina lo que pasará si se agotan nuestras fuentes de extracción y se nos acaba el petróleo? Por lo tanto, ¡a perforar se dijo!
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