Luis Alfonso Arias A.


Se ha puesto de moda en nuestro país hablar de 'remesas', es decir, de esos pequeños giros que periódicamente hacen los colombianos residentes en el exterior a sus familiares en Colombia. ¿Por qué? Muy sencillo: los dólares que hoy ingresan por este concepto al país, representan una cifra que supera todas las expectativas y que, quiérase o no, se ha convertido en uno de los principales renglones de la economía colombiana. Por encima del café y del carbón. ¡Increíble!
El año que acaba de terminar, el dinero que recibieron las familias colombianas de sus familiares que viven en Estados Unidos, España y demás países, alcanzó la no despreciable cifra de 4.638 millones de dólares. Y aunque las comparaciones son odiosas, en algunas ocasiones es bueno hacerlas y más tratándose de cifras tan importantes para nuestra economía. Conviene tomar como referencia los valores de las exportaciones de café y carbón del año pasado, las cuales alcanzaron 2.526 y 4.560 millones de dólares respectivamente.
Ahora bien, en esencia, ¿cuál es el origen de estas remesas? Básicamente, la mayoría, no todas, provienen de trabajos no calificados que, independientemente de su experiencia laboral o escolaridad, desempeñan los emigrantes colombianos en actividades como cuidado de niños o ancianos, servicio doméstico, hostelería, albañilería, trabajo sexual, labores de limpieza industrial, servicios (hoteles, restaurantes, plomería y ebanistería), entre muchos otros.
Y por supuesto, hay que hacer especial mención a la gran cantidad de profesionales colombianos que hoy en día se desempeñan en importantísimas actividades relacionadas con la medicina, ingenierías, economía, finanzas, y tantas otras ramas del saber, que han hecho brillar nuestro país en otras latitudes, gracias a la excelencia profesional que hoy transmiten muchas de las facultades universitarias colombianas.
Por eso cabe aquí preguntarnos, hasta qué punto le conviene al país que el ingreso por 'remesas' se convierta en uno de los principales rubros de la economía; y para responder, hay que sopesar la calidad de los empleos que generan dichas remesas. En este sentido es fácil concluir que la mayor parte de los ingresos por remesas provienen de empleo no calificado.
Y si la ecuación fuera al contrario, es decir que las remesas provinieran mayoritariamente de empleos calificados, ello sí debería ser motivo de alarma para la economía de nuestro país, toda vez que nada le convendría al sector productivo nacional la 'fuga de cerebros' que ello traería consigo.
Por lo tanto, hay que mirar el tema de las remesas con buenos ojos, pues están contribuyendo de manera muy significativa al sostenimiento de millones de hogares colombianos. En buena hora tantas y tantas familias, entre ellas las del Eje Cafetero, están recibiendo sus 'dolaritos' cada mes para satisfacer las necesidades básicas. ¡Qué tal que no fuera así!
Sin lugar a discusión, han sido enormemente positivos los efectos del auge de las remesas para nuestro país, por lo que debería darse un debate más amplio sobre los efectos de la migración y dichos ingresos en la estructura económica y social de las regiones, y particularmente en la familia.
Un dato interesante en cifras redondas: de cada 100 dólares que entran al país por concepto de remesas, 9 llegan a Risaralda, 4 al Quindío y 3 a Caldas. Y conviene también mencionar que nuestro querido departamento de Caldas recibió el año pasado 123,2 millones de dólares, los que multiplicados por la tabla del tres, representan la no despreciable cifra de 369.600 millones de pesos colombianos.
Sustraiga usted ese valor de la economía caldense y verá lo que sucede. De allí la pertinencia de la expresión: ¡Falta que hacen esos 'dolaritos'!
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