Luis Alfonso Arias A.


¿Qué haría usted si al acudir al banco a retirar dinero, un día normal, lo encuentra cerrado? ¿Y si va al cajero electrónico a hacer el retiro y este solo le entrega $180.000? Eso es lo que sucede hoy en Grecia, pues el gobierno ordenó cerrar todos los bancos y poner límite a las transacciones en cajeros electrónicos, para poder enfrentar la grave crisis económica que padece. Conclusión, Grecia es el nuevo ‘corralito’ del mundo.
‘Corralito’ se llama la restricción que impone un gobierno a la libre transacción de dinero en efectivo, en cuentas corrientes y de ahorros, para evitar que la gente, ante una crisis de la economía nacional, retire todo su dinero y deje a los bancos sin recursos. ¿Recuerdan el caso de Argentina? En Grecia acaban de hacer lo mismo.
¿Por qué? Grecia se encuentra al borde de la quiebra como resultado del equivocado manejo económico y por pretender vivir ‘como ricos’ a punta de plata prestada. Pero como todo tiene un límite la copa se rebozó, debido a que la deuda creció desmesuradamente hasta hacerse insostenible, quedándose sin dinero para pagar los intereses y abonar a capital, lo que obligó a los prestamistas a ‘cortar el chorro’ y negar cualquier nuevo crédito.
Cuando Europa en pleno se dio cuenta de que podría perder el dinero prestado a Grecia (y a otros países en situación parecida), se inventaron los famosos 'planes de rescate', mediante los cuales se pueden conceder nuevos préstamos, siempre y cuando el gobierno se comprometa con una política de austeridad en el gasto; es decir menor burocracia, rebaja de salarios a funcionarios públicos, disminución de pensiones y cero gastos innecesarios, todo ello combinado con una reforma tributaria para recaudar más impuestos y disponer de recursos para honrar las deudas.
Y por cuenta de ello, llegó el primer ‘rescate’ (préstamo nuevo) por 110 mil millones de euros, que no fue suficiente; y vino el segundo de 130 mil millones de euros, que tampoco alcanzó. Imagínense la gravedad del asunto. Y fue tal el descontento griego ante todos los ajustes, que el gobierno de Yorgos Papandréu se cayó, siendo reemplazado por el partido de izquierda denominado Syriza, cuya cabeza visible es el hoy primer ministro Alexis Tsipras.
Pero lo curioso es que Tsipras, para llegar al poder, se inventó la difícil promesa de no dejarse imponer nada de Europa, así como suspender todas las medidas de austeridad adoptadas e imponer unas condiciones de pago con rebaja incluida. Y el pueblo griego por esa razón lo eligió. ¡Populismo puro!
Pero cuando Tsipras se enfrentó a la realidad, se encontró la billetera vacía, la economía en picada, una deuda de 330 mil millones de euros y la exigencia de un nuevo ‘plan de rescate’, que le ordenaba recortar aún más el gasto y subir impuestos. Y Tsipras, como buen populista de izquierda, se inventó un referéndum para consultarle al pueblo si querían estas nuevas imposiciones, a lo cual, obviamente, respondieron que ‘No’. ¿Qué pueblo diría Sí? Por supuesto ninguno.
Pero aún con el apoyo popular, Europa le sigue exigiendo nuevos y dolorosos ajustes a Grecia para otorgarle más créditos. Porque de llegar a aceptar la rebeldía griega y perdonarle su deuda, o parte de ella, el efecto en otros países que están padeciendo lo mismo sería devastador, pues todos querrán el mismo tratamiento, con lo cual esta ‘euronovela’ tendrá una mayor audiencia. ¿Qué pasará con Tsipras si después del ‘No’ decidido por las mayorías, tiene que hacer nuevos ajustes? ¿Se quedará sin empleo el hombre?
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