Luis Alfonso Arias A.


Hace poco me referí en este mismo espacio a la ya trillada reforma tributaria estructural que está por venir y al peligro de incrementar desbordadamente los impuestos, como quiera que ello se traduciría en menor recaudo para el gobierno, merced a una mayor evasión y elusión tributarias. No en vano esto quedó demostrado por el reconocido economista estadounidense Arthur Laffer, quien inmortalizó el modelo económico que hoy lleva su apellido: “La curva de Laffer”.
Ahora el tema vuelve y juega, pues el Gobierno tramita un proyecto de ley para ajustar (léase 'incrementar') el impuesto a los licores.
Y aunque, aparte del vino, no cambio por nada un Ron Viejo de Caldas 'en las rocas' y mucho menos cuando tenemos oportunidad de degustar una variada gama de añejos, conviene referirnos esta vez al compañero indiscutible de la buena mesa; de una pieza de Wagner, Beethoven o Mozart; de un libro agradable, una noche romántica, una interesante tertulia; o de una buena copa a la hora de cocinar con los amigos. ¡El vino!
Y por supuesto que el 'maridaje' varía en cada paladar, pero ¿qué mejor acompañante para una deliciosa carne, que un Malbec mendocino?; o ¿un Tempranillo para una noche de tapas españolas?; o ¿un buen 'tinto de verano' para una tarde de toros? o ¿un Pinot Noir para una buena pasta? ¡Ya se me hace agua la boca!
Afortunadamente hoy podemos 'darnos el gustico', gracias a la multitud de marcas para todos los gustos y bolsillos que encontramos en los supermercados, aunque casi siempre nos quejemos porque en Colombia el vino es más costoso que en cualquier otro país latinoamericano.
Con el proyecto de ley el Gobierno pretende unificar el gravamen para todas las bebidas, nacionales e importadas, destiladas y fermentadas, en $220 por cada grado de alcohol, más un 25% sobre el precio antes de dicha carga, más el IVA; y con ello dar un 'trato igualitario' a todos los licores según lo pactado en los TLC y las recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Pero ¿a costa de qué?
Volvemos a lo mismo. Entre más suban las tarifas de los impuestos, el recaudo tenderá a disminuir en el largo plazo (ojalá que quienes aprueben la medida lean a Laffer). El contrabando va a ser mayor, tal y como lo han advertido las principales cadenas de supermercados del país; Colombia va a perder más de 25 años de la cultura del vino. Y con ello todos vamos a lamentar, el Gobierno con menor recaudo de impuestos, los empresarios porque su negocio va a afectarse y los amantes de la bebida porque desaparecerán de las góndolas buena parte de la variada oferta vinícola.
Conviene citar las palabras de un alto ejecutivo de una cadena nacional justificando la 'pataleta' por el alza de los impuestos al vino: “porque consumido con moderación tiene propiedades benéficas para la salud; porque el 60% se compra en supermercados para llevar a casa y el resto en los restaurantes; porque su vocación de consumo no está asociada a excesos, sino a la buena mesa; porque en muchos países del mundo se le considera un alimento; y porque ha jugado un papel importante en la educación a la hora de consumir bebidas alcohólicas”.
Por ello, así como para degustar y entender el sabor de una buena botella de vino hay que abrirla con dos o tres horas de anticipación, de la misma manera hay que decirle al Gobierno Nacional y al Congreso, para que no suban los impuestos: ¡dejen respirar el vino, por favor!
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015