Luis Alfonso Arias A.


Definitivamente el hecho económico más importante del año en Colombia ha sido el récord histórico que alcanzó el precio del dólar al superar la barrera de los $3.000. Y a propósito de ello, la semana pasada un amable lector me preguntó: ¿Por qué razón cuando el precio del dólar baja el Banco de la República sale a comprar dólares para evitar que caiga excesivamente, pero cuando el precio sube no sale a venderlos para evitar su disparada?
Para aproximarnos a una respuesta, es preciso primero entender las dos maneras existentes mediante las cuales un país puede optar para fijar el precio del dólar. Una, es la denominada ‘tasa de cambio fija’, según la cual el precio del dólar se fija por decreto. Venezuela es un claro ejemplo de ello, con el agravante que allí tienen tres ‘clases’ de dólar y todas fijadas por decreto.
Pero la otra forma que puede adoptar un país para establecer ese precio se denomina ‘tasa de cambio flexible’ o flotante, como es el caso colombiano desde 1999, mediante el cual el precio de la divisa se fija por el libre juego de la oferta y la demanda. Es decir, cuando hay muchos dólares su precio baja, como sucedería con cualquier producto que abunde en el mercado.
Y eso sucedió en Colombia durante los últimos 10 años: Una abundancia de dólares que llevó su precio a niveles mínimos, registrando incluso la cifra de $1.652 en el año 2008; y todo ello producto, en su mayor parte, de inversión petrolera y carbonífera que llevó al país a depender de esos dólares.
Fue entonces cuando el Banco de la República, para ‘intentar’ detener la caída, comenzó a comprar masivamente dólares. Y la pregunta que surge es: ¿Logró el objetivo de frenar la descolgada? Lo dudo, pues a pesar de dicha intervención, los últimos 12 años Colombia sufrió con el dólar barato que golpeó duramente a todo el sector productivo del país. Ayudó a evitar volatilidad pero nunca a revertir la tendencia.
Y ahora que el precio del dólar rebotó y alcanzó su máximo histórico, ¿por qué el Banco de la República no sale a vender dólares para que el precio no siga subiendo?
Pero hay otra pregunta que también vale: ¿Le conviene al país un dólar de $3.000? Por supuesto que sí. Y lo cierto es que Colombia trae un atraso gigantesco en este sentido. Mauricio Cabrera Galvis, uno de mis columnistas económicos preferidos, recientemente hizo el ejercicio matemático de calcular, con base en la inflación de los últimos años, a cuanto equivaldría hoy un dólar del 2003, llegando a la conclusión que debería costar cerca de $5.000. Obviamente que si ese fuera el escenario real y el precio del dólar de hoy, Colombia sí que estaría en graves problemas.
Por ahora, le corresponde a industriales, cafeteros, floricultores, microempresarios exportadores, entre muchos otros, aprovechar los inmensos beneficios de un dólar a $3.000. Y ni qué decir de la gran cantidad de familias que reciben al año más de 4.000 millones de dólares de remesas del exterior.
Y por más que el Banco de la República salga a vender masivamente dólares, nunca cambiará la tendencia del dólar ni logrará impactar las verdaderas variables que lo tienen costando hoy más de $3.000. Por ejemplo, no logrará con ello que el precio del petróleo suba, ni que la inversión extranjera en Colombia crezca, ni va a atacar las verdaderas causas externas que tienen al dólar en este nivel, por lo que una intervención del Banco de la República en ese sentido sería absolutamente inocua.
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