Juan Carlos Arias Duque


¿Es el expresidente Álvaro Uribe Vélez un enemigo de la paz en Colombia? Soy de los que creen que dicho cuestionamiento debe responderse de manera negativa: el expresidente Uribe no solo no es un enemigo de la paz negociada como forma de terminación del conflicto colombiano, sino que ha sido propiciador y artífice de las condiciones que posibilitaron la instalación del actual proceso de paz que se desarrolla en La Habana.
Hay que recordar en primer término que es una víctima indirecta del conflicto toda vez que su padre, el ganadero Alberto Uribe Sierra, fue asesinado al resistirse valerosamente al secuestro que pretendían realizarle miembros de las Farc el 14 de junio de 1983.
Dicha condición no impidió que en su calidad de senador liberal, en mayo de 1992, liderara una comisión parlamentaria que le propuso al ministro de gobierno de la época, doctor Humberto de la Calle Lombana, sacar adelante una ley de amnistía e indulto generalizado que finalmente cobijó a los militantes del M-19.
Posteriormente, ya en agosto de 2003, su gobierno presentó a consideración del Congreso un generoso proyecto de ley de alternatividad penal que suspendería las penas por todo tipo de delitos cometidos por grupos de autodefensas, de manera que sus integrantes no pagarían ni un día de cárcel, el cual fue retirado con posterioridad y en su reemplazo fue radicado uno diferente que finalmente concluyó con la Ley 975 de 2005, conocida como de “Justicia y Paz” que concedió sustento jurídico a las conversaciones de paz realizadas en Santafé de Ralito, en cuyo desarrollo logró la desmovilización de por lo menos treinta mil integrantes de tales grupos armados.
También durante su administración se prorrogó la Ley 418 de 1997, que autoriza amnistías e indultos por delitos políticos y conexos, mediante las leyes 782 de 2002, 1106 de 2006 y 1421 de 2010, mediante las cuales concedió 232 indultos, entre ellos 194 a integrantes de las Farc encabezados por Rodrigo Granda, a los que excarceló el 5 de junio de 2007, subversivo éste a quien designó como “Gestor de Paz”, al igual que a Olivo Saldaña, Karina, Yesid Arteta y Francisco Galán -del Eln.
A propósito del Ejército de Liberación Nacional, no hay que olvidar que durante todo su gobierno mantuvo contactos orientados a iniciar con ellos un proceso formal de negociación, a quienes llegó a ofrecerles financiación a condición de que dejaran de secuestrar. También en 2010 adelantó infructuosamente con las Farc diálogos exploratorios orientados a instalar una mesa de negociaciones, en la cual pactar la terminación de la confrontación armada.
Dentro de sus aportes al proceso de paz que en la actualidad se adelanta en La Habana se pueden contar, en principio, que su política de seguridad democrática llevó a las Farc a descartar definitivamente el triunfo militar como opción posible de su lucha armada, además que sus múltiples esfuerzos de paz han servido de ejemplo para nuevas iniciativas. Adicionalmente su talante ha valido como punto de referencia respecto de los límites de los acuerdos.
Independientemente de que se compartan sus posiciones y se discuta el éxito de sus políticas pacificadoras, hay que agradecerle al expresidente sus esfuerzos en la búsqueda de la paz del país en cuya tarea ha sido un abanderado indiscutible. Solo falta que aquellas pasiones que alberga en su corazón se vayan flexibilizando para que finalmente se convierta en un actor más protagónico de las escenas finales de esta obra de la que ha sido un personaje imprescindible. Son necesarios todos los actores para el cierre de la función.
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