Fanny Bernal Orozco


Muchos niños nacen sin haber sido deseados, jamás existieron ni siquiera en las fantasías de hombres y mujeres, que en un momento de la vida se ven abocados a asumir esta realidad. También vemos que la falta de amor, la indiferencia, el maltrato, el rechazo, el abandono, las burlas, son actitudes que se manifiestan cuando un hijo, nace enfermo, tiene algún diagnóstico difícil de aceptar, no ha sido esperado, tiene un género diferente al que se está añorando, es fruto de un acto de violencia, o llega cuando la pareja o la mujer se encuentran en un momento de la vida en la cual, no estaban para concebir y educar hijos.
“El rechazo es ese ácido caliente que se cuela en cada espacio de nuestra relación con el hijo rechazado, es esa espina que se clava en el corazón y duele y no nos atrevemos a tomarla con las manos, para sacarla, porque tememos resultar heridos; pero el rechazo en sí mismo hiere tanto, quema tanto, duele tanto, que ni siquiera el dolor de recocerlo es comparable con el dolor de seguirlo cargando”. Martha Alicia Chávez en el libro Tu hijo, Tu espejo.
-¿Cómo se manifiesta esa falta de amor?
Se revela en maltrato, abandono o negación, lo que da origen a un sufrimiento permanente; hijos que se sienten excluidos de la vida de sus padres a una edad en la que es difícil entender la falta de amor y el desprecio. En Colombia muchos hijos que son abandonados, jamás han sentido el amor de sus padres, no han crecido en una familia que cuida y pocas veces han sentido el calor de un hogar acogedor.
Los padres y las madres que no aman a los hijos y los rechazan, siembran inseguridad, baja autoestima, miedo, ansiedad, desasosiego, dificultades en los procesos educativos y de adaptación; la ausencia de afecto, en ocasiones lleva a que busquen sustitutos del amor, mediante el uso de drogas, licor, actos de delincuencia, relaciones de pareja tempranas y enfermizas, replicando los maltratos con otros, realizando actos desafiantes, transgresores y disruptivos, con los cuales esperan llamar la atención y recibir reconocimiento.
De igual manera, encontramos madres que compiten con sus hijas; como en el cuento: ‘espejito, espejito, dime quién es la más bella’…y se vuelven rivales, discuten por el tiempo que el padre pasa con sus niñas, ven fantasmas dónde no los hay, lo que dificulta la comunicación y las relaciones de todos los miembros de la familia.
“Mi madre, se pone mi ropa, presume permanentemente delante de mis amigas de su belleza, yo no puedo pedirle nada a mi padre, porque ella hace la cuenta del valor y pide algo más costoso para ella, cuando no es que le pelea por los regalos que él me hace, esto se ha vuelto un infierno”. Relaciones como estas, limitan el desarrollo de los hijos y los pone en un gran riesgo emocional y físico.
Psicóloga
Docente Universidad de Manizales
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