Fanny Bernal Orozco


* Fanny Bernal O.
Hay parejas que mantienen oculta alguna parte de su esencia interior por miedo a que se les desprecie y humille. Con alguna frecuencia estas personas se comportan en su casa de una manera muy diferente a como lo hacen con sus amigos o demás familiares. Cuando están fuera del espacio doméstico les fluyen las palabras, ríen y cuentan anécdotas sin ninguna restricción, pareciera que por instantes recobraran la libertad.
Y es que a veces lo primero que se pierde es la libertad; en sus propias casas no pueden opinar, menos aún tomar alguna decisión, porque es precisamente allí donde han perdido algunos de sus derechos y se han ido acostumbrando a vivir sin ellos. Y esa ilusión que alguna vez fue cierta de aprender, crecer, compartir y caminar juntos sin perder la individualidad, la dignidad y la autonomía ha quedado en el pasado.
Hay seres que sienten envidia por los éxitos que cosecha su pareja y en vez de ocuparse por salir también adelante, se convierten en una pesada y posesiva sombra. Se oponen al crecimiento intelectual o emocional, inclusive, lo ven como un oponente. Es allí cuando esas metas y logros alcanzados no generan alegría y orgullo, sino frustración y resentimiento.
Vilma era una orgullosa hija de campesinos. Sus padres, eran trabajadores honrados y tenían muchos sueños con sus hijos, sueños que ellos no pudieron alcanzar debido a las penurias económicas. Ellos quisieron entonces que sus tres hijos fueran profesionales y con tesón y obstinación lo lograron. Vilma llegó a la ciudad, era dedicada y estudiosa y fue ascendiendo en sus trabajos. Tenía la certeza de que estudiar le abría puertas. Después de un tiempo decidió formalizar su relación de pareja y lo que fue alegría se convirtió en pesadilla. Tenía que pedir permiso para estudiar y dar cuenta de su salario. Aquello por lo que había luchado -de pronto- se convirtió en un obstáculo en su relación de pareja. Se sentía sola, frustrada, incomprendida y con miedo de contarle a alguien acerca del ‘hueco en el que había caído’.
En estos casos es importante aprender a hacer acuerdos, negociar y conciliar. Conjugar estos verbos en tiempo presente se puede lograr a partir de una escucha activa en la que se respeten las necesidades individuales, es decir, que como pareja se tienen unos objetivos y a nivel personal se tienen otros. Esto que a simple vista es fácil de entender, se puede tornar complejo cuando no se tienen en cuenta las diferencias particulares.
Para consolidar acuerdos y convenios sensatos es necesario hacer acopio de voluntad y respeto para cumplir con los convenios pactados. Es absurdo considerar que por el solo hecho de existir una relación más cercana en espacio y en tiempo, ello, automáticamente, de derechos a uno de los integrantes de la pareja para impedir que el otro siga con sus planes y su proyecto de vida, los cuales además no eran un secreto para ninguno de los dos.
Marina y Pedro duraron ocho años de novios, tiempo suficiente para conocer las familias de ambos. Al poco tiempo de casarse, ella le prohibió a Pedro que fuera a visitar a su familia. Además, le miraba el teléfono para saber si había llamado a su casa. Pedro, con tal de no ver a su esposa peleando y llena de rabia, se fue alejando de sus padres. Un día su padre enfermó y nadie le llamo por temor a la reacción de Marina. El padre falleció y Pedro dice que jamás le va a perdonar a su esposa que le hubiera impedido estar en compañía de sus padres.
Casos como estos provocan rabia, silencio, insatisfacción, alejamiento emocional, frustración y desencanto. Algunas personas viven a la defensiva, no saben con qué nueva y dañina actitud van a resultar sus parejas, mientras el abuso emocional continúa su curso y permiten tales transgresiones con la falsa creencia de que no van a poder vivir sin la otra persona. Romper los ciclos de maltrato requiere voluntad y coraje -más aún- cuando se ha tejido una codependencia que no es fácil romper. Hace tiempo en alguna lectura encontré esta frase, no recuerdo el autor: “Hay dolor, en el cambio y hay dolor en seguir igual, elige algo que te haga avanzar”. Quizás la respuesta se encuentra en esta pregunta: ¿Con cuál actitud avanzo?. Sigo con la amargura y la soledad o…
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales - fannybernalorozco@hotmail.com
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