Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Enrique Rojas, médico psiquiatra español, usa el término “infoxicados” para referirse a la avalancha de información que llega a cada momento a través de las redes sociales. Esta invade sin autorización con propagandas y publicidad de diferentes artículos, frases insulsas, noticias banales, fotos sin ningún significado, videos de pésimo humor, insultos de diferente calibre, discursos de personas que se creen líderes, grabaciones en las que se expone la intimidad de las personas, en fin, toda clase de tonterías que irrumpen los horarios y el descanso. Todo esto sin asomo de respeto por los demás, eso sin hablar del desprecio que se siente por la redacción y la ortografía, la cual en muchos casos brilla por su ausencia.
Y es que el uso de las redes da muestra de lo que es cada persona. A veces sin atisbo de decencia se irrespeta a los demás, se les somete a burlas y señalamientos, lo que afecta la autoestima y la integridad de los ofendidos; mientras quienes leen y observan, se ríen y aplauden tal chabacanería y ordinariez, amparados por el anonimato, sin imaginar jamás el dolor, el estrés, el miedo y los deseos de no vivir que originan hechos como estos.
Las relaciones han dado un importante giro con los avances tecnológicos. Las distancias se pueden acortar y, en tiempo real, se puede reconocer y observar el rostro de seres queridos. Sin embargo, esta situación no da cuenta de que la comunicación sea mejor, más emocional o más dinámica. En este sentido, sería importante averiguar si los seres humanos consideran que un símbolo puede ser mejor que las palabras.
Hoy inclusive muchas relaciones se liquidan por estos medios, no hay otras despedidas. Este asunto se realiza de manera trivial y poco significativa, quizás para lograr que no haya ningún asomo de emoción o para evadir explicaciones o responsabilidades. ¿Una cara triste es más importante que un abrazo de despedida?...El tema de la “infoxicación” merece análisis, reflexión e investigación.
También hay que saber cuánta desatención genera dicha información, además del estrés por la necesidad de estar al tanto de la cotidianidad de los demás. Un consultante decía: “No me duermo hasta que tengo la certeza de que mi pareja se desconecta y me muero de la rabia y de la curiosidad por saber con quién habla hasta esas horas”. De estos asuntos están resultando problemas emocionales, conflictos de pareja, dificultades laborales, problemas académicos, trastornos de sueño, entre otros.
-¿Cómo controlar la avidez?
-¿Cómo autorregularse?
-¿Cómo trabajar el autocuidado emocional?
-¿Cómo fortalecer los valores personales, sociales y ciudadanos?
-¿Cómo ver a los demás como seres únicos y diferentes?
-¿Cómo sustraerse de auscultar la intimidad de los demás?
-¿Cómo desintoxicarse del exceso de basura, estupidez y frases carentes de sentido?
-¿Cómo no perder la autonomía?
-¿Cómo ser más creativos a pesar de que todas las respuestas para algunas personas está en los buscadores?
Son todas estas preguntas para la reflexión y el análisis. Cada persona puede decidir si quiere vivir “infoxificado” o si su apuesta es por una mejor salud mental y emocional.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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