Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
El pasado 28 de octubre con las palabras de Guillermo Orlando Sierra Sierra, rector de la Universidad de Manizales, se dio apertura al Jardín del Recuerdo, un espacio para homenajear la memoria de los seres queridos muertos, a través de la siembra de vida de árboles nativos y plantas con las que se embellecerán los alrededores de la universidad.
Los rituales de siembra son actos para evocar la historia compartida con aquellas personas que han fallecido y que, a pesar de su ausencia, siguen vivas en la memoria emocional de quienes les sobreviven. Las palabras de Sierra fueron para exaltar la vida y las enseñanzas de Frank Cardell, psicólogo canadiense que estuvo en Colombia por muchos años formando terapeutas, el mismo que comenzaba los encuentros terapéuticos de muerte con la frase: “Hoy es un buen día para morir, entonces lo viviré plenamente”.
En el momento que le sigue a la inevitable muerte, el duelo, hace nacer una vez más la memoria de nuestros seres amados, cruzada por emociones de amor, gratitud, perdón y reparación, y permite -a través de los rituales cotidianos- exorcizar el olvido.
El ritual de las siembras es también un gesto simbólico de conexión con la naturaleza, sitio de referencia para la expresión de sentimientos desde el cuidado de la vida de los árboles y las plantas. Estos inmortalizan la permanencia del recuerdo y la fuerza de los lazos afectivos con los seres queridos que ya han partido del mundo terrenal.
En el libro ‘Temblor’, Rosa Montero, habla de las personas muertas como las ‘anteriores’, aquellas que aunque no estén presentes no son pasado por la historia tejida o porqué quizás por esas situaciones de la convivencia que no son fáciles de explicar. Estas se tornan más importantes cuando ya no están, cuando esa ausencia no se puede ocultar ni sustituir y ni siquiera disimular.
El Jardín del Recuerdo, es así mismo, un espacio que invita al encuentro consigo mismo en el silencio y la contemplación, es un sitio para reflexionar, para meditar y para conectarse con la naturaleza. Es simbólicamente un espacio para celebrar la vida.
En los procesos de duelo, los rituales son muy importantes, toda vez que invitan a expresar sentimientos y emociones que están unidos al dolor y a la ausencia. Son momentos para poner a circular las palabras, para la evocación de períodos importantes, para compartir anécdotas y para dar y recibir afecto.
No es fácil explicar el dolor que causa la muerte, como tampoco lo es asumir el día a día de la ausencia y del vacío. La sensación de despojo y de soledad pueden ser abrumadoras. En algunos casos afectan la salud emocional de los dolientes, por ello es necesario nombrar el dolor y, si se puede, aprender a afrontarlo, tarea que se viene realizando desde la oficina de Recursos Humanos de la Universidad de Manizales, con el objetivo de brindar alivio y consuelo a las personas que se encuentran en duelo por sus seres queridos.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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