Fanny Bernal Orozco


Recién ha ocurrido una tragedia, todo el mundo cotidiano que se tenía construido cambia abruptamente, horarios, descansos, comidas, el sueño, la vigilia, las palabras, los silencios, el agotamiento, el deseo de no hacer, de creer que todo es una absurda pesadilla, el despertar y constatar que todo es real, sin sentido y sin explicación. Tantos cambios, afectan los pensamientos, las ideas, y las imágenes que una y otra vez aparecen en la memoria, lastiman, hieren y hacen daño, sin embargo a pesar de lo traumática que puede ser una situación, muchas personas son capaces no solo de adaptarse, sino además de aprender de la pérdida y el dolor.
Lo anterior no quiere decir que no duela y que no haya miedo, ansiedad, o altos niveles de estrés, ¡no!, significa que a pesar de sentir el dolor, hay que transitar, gestionar, recuperar y sanar. Verbos éstos que solo forman parte de la historia personal si se conjugan en tiempo presente y para ello hay que hacer uso de la voluntad, y exigirse, por lo tanto, no vale quedarse en la queja, ni auto compadecerse, y menos aún culparse, negarse la posibilidad de sanar, castigarse o avergonzarse por los hechos.
Cualquiera de estas emociones hacen más sensible el afrontamiento; la culpa es una emoción que surge de las preguntas -Se habría podido evitar? -¿Quizás faltó más acercamiento emocional? -¿Tal vez se le garantizó todo y por ello no maduró lo suficiente? -¿Quizás en casa no, nos preocupamos lo suficiente? -¿En qué fallamos? ¿-Si hubiera hecho o dicho, esto o aquello, seguramente hoy no estuviéramos viviendo esta tragedia?. Estos y otros interrogantes acompañan el proceso de duelo, ante una muerte por suicidio. Los dolientes le echan la culpa al trabajo, al estudio, a la pareja, al estrés y pueden incluso llegar a afirmar que fue un acto irresponsable y de desamor hacia todas las personas que le amaban.
En la muerte por suicidio también emerge la vergüenza como parte de este nudo emocional, que genera silencio, soledad, aislamiento, como una forma de protegerse de los juicios y señalamientos de las demás personas o inclusive de los mismos familiares, que en ocasiones, de manera imprudente suponen y hacen dañinas conjeturas. La vergüenza es denominada una emoción social. Se siente cuando otros nos observan, se dan cuenta de los hechos y emiten comentarios o juicios, o vergüenza hacia sí mismo, cuando se reflexiona sobre las actuaciones personales íntimas o acerca de las relaciones que se tejen con los otros. Emociones éstas que por su carga perturbadora hay que afrontar sin dilación como otra de las tareas fundamentales en el duelo por suicidio.
Para el doctor Jorge L. Tizón, en su libro: ‘Pérdida, pena, duelo’, hay varias tareas que se deben desarrollar en un duelo por suicidio: 1. Poder hablar de las culpas reales o fantaseadas de los supervivientes. 2. Replantear las negaciones y distorsiones cognitivas y mitos familiares. 3. Ayudar a afrontar los temores irrealistas. 4. Afrontar los sentimientos de enfado, ira y temor. Acciones que se van ejecutando en tanto los sobrevivientes intentan poco a poco su regreso a lo cotidiano.
Para Doug Manning: “El duelo es tan natural, como llorar cuando te lastimas, dormir cuando estás cansado, comer cuando tienes hambre, estornudar cuando te pica la nariz; es la manera en que la naturaleza sana un corazón roto”. Y a pesar de todo lo que se pueda estudiar, investigar, escribir, sobre el duelo, hay algo que no puede cambiarse de un tajo y es que ‘el duelo, duele’ y a veces es un dolor difícilmente soportable. En este orden de ideas, el hecho de reparar un duelo por suicidio involucra diferentes asuntos que contienen procesos terapéuticos y educativos que le apuestan a mejorar las condiciones de vida de los dolientes y que contribuyen a asumir hábitos y actitudes de vida con recursos emocionales que les llevan a reflexionar acerca de su fragilidad y de sus recursos y a hacer uso de ellos de manera creativa y simbólica, para dar paso a nuevos comienzos.
Finalmente es importante afirmar que vivir un duelo, no es olvidar, ni dejar de amar. Al respecto el escritor Francois Mauriac dijo: “Aquellos que nos han amado, nos modelan una y otra vez; y, aunque el amor puede morir, para bien o para mal somos, no obstante su obra”.
*Psicóloga - Docente Universidad de Manizales
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