Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Luego de las fiestas de final de año es interesante echar una mirada a los asuntos que se han dejado irresueltos y que en los primeros meses eran prioridad. Esa lista escrita y guardada en algún cajón hay que analizarla para darse cuenta de qué se ha hecho y qué se ha dejado de hacer. En general, lo que se escribió es un indicador de los deseos y metas que se tenían muy pensadas y que por diferentes razones no tradujimos en realidad.
Esos asuntos pendientes suelen tornarse molestos e incluso en pesados fardos. Por ejemplo, situaciones que no se enfrentan por el estrés que generan, visitas que no se hacen para no pasar malos ratos, llamadas que nunca se realizan porque a pesar de que habría que hacerlas, no se sabe qué decir, promesas incumplidas, viajes que jamás se realizan, gracias nunca expresadas.
Asuntos y más asuntos que se van dejando sin realizar y al final de otro día, de otro mes, de otro año, llega el manido compromiso: ‘mañana si lo hago’.
Pocas veces se piensa en que a lo mejor el mañana no existe y que el tiempo pasa y es inexorable; también es importante cavilar acerca de que en la vida hay cuestiones que no dan espera. Quizás no hay que dudar, ni justificar tanto, solo hacer lo que hay que hacer sin rodeos, ni vacilaciones.
Suelen haber asuntos pendientes relacionados con la expresión de sentimientos a los seres más queridos o cercanos. Lo cotidiano es que se viva acompañado de ellos, y sin embargo, nunca hay tiempo para fortalecer y cultivar las relaciones y el contacto físico; el que se comparta un techo no es sinónimo de lazos afectivos y menos de expresión de gratitud.
No es fácil recuperar el tiempo perdido y en ocasiones la pereza es una enemiga cuando se trata de emprender ciertas tareas. Hay que aprender a poner límites y a autorregularse, condiciones esenciales para lograr hacer realidad cualquier propósito que se tenga en mente. Existe una diferencia grande entre pereza y descanso, hay personas que se confunden y se quedan en la zona de confort.
Qué interesante empezar el año, con menos asuntos pendientes y ligeros de equipaje, con nuevas metas y pocas cargas. Año nuevo, no es vida nueva, solo es un cambio de fecha, pero se requiere mucha voluntad y compromiso para hacer transformaciones que mejoren las acciones del diario vivir y las relaciones con los demás de manera consciente.
Qué bueno apostarle a multiplicar la amabilidad y el respeto, a sumar unos mínimos éticos consigo mismo y con los demás, a cuidar los espacios utilizados diariamente, a leer buenos y más libros, a reírse más y a llorar cuando se necesite, a abrazar con afecto, en fin a sacar lo mejor que cada uno tiene con serenidad y paz en el corazón.
Esos son mis deseos para los lectores en este año que recién comienza.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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