Fanny Bernal Orozco


En esta era digital se han cambiado de manera drástica, las creencias, los hábitos, los valores, los principios, la expresión de las emociones, del afecto y las relaciones de todo tipo, y a corto plazo, se ha transformado también el uso del tiempo y la atención se ha enfocado en estar mirando de manera constante y ansiosa el celular y todo tipo de mensajes en las redes sociales.
A pesar de haberse constituido en herramientas necesarias e importantes para toda clase de trabajos, y que ayudan a muchas personas a paliar su soledad, esta tecnología ha sido empleada sin respeto y sin pudor en diversas ocasiones; por estos medios se desprecia, se denigra, se humilla, se burla, se matonea, se acaba con la autoestima y la dignidad de las personas; no solo hay ausencia de educación, sino de límites y autorregulación de quienes hacen un uso inculto de estos.
Si bien es una vía rápida para agilizar ciertos sucesos y noticias, también permite a algunas personas la expresión de las emociones y los sentimientos, no solamente afectuosas sino que también algunas veces se dan el permiso para el desfogue de la rabia el odio, el acoso o la venganza, y asuntos que seguramente fueron privados en su momento y supuestamente íntimos, en segundos se convierten en historias y pasajes conocidos por millones de personas, con el agravante de que todas se sienten con el derecho de opinar y denigrar.
Existe además un afán morboso en asomarse continuamente a la vida y la cotidianidad de los otros, y mientras algunos son felices mostrando y exhibiendo, otros son ávidos y ansiosos esculcando, no viven la propia vida, por estar ocupados de manera enfermiza en el mundo de los demás y pasan horas y horas en estas labores superficiales, banales y para nada edificantes.
Otro papel juega la vergüenza, que en nuestro país es cada vez más escasa, así por ejemplo se ha ido acuñando el termino atornillar para señalar a aquellas personas que a pesar de que presuntamente han cometido actos que no hacen honor a sus cargos, no son capaces de renunciar, ni de apartarse de sus puestos por lo menos hasta que se esclarezcan los hechos. Sin embargo, es importante afirmar que no todo lo que la gente comienza a decir y a especular es necesariamente verdad, puesto que es bien sabido que hay seres humanos especialistas en poner a circular chismes y sucesos que jamás han ocurrido.
La vergüenza es una emoción que puede llevar al discernimiento y a la reflexión por actos, palabras, gestos o sucesos ocurridos que pueden haber hecho algún daño a otras personas o así mismos; así entonces, se requiere claridad de conciencia y autocrítica para no repetir eventos bochornosos o dañinos, es preciso corregirlos y además tener el coraje para asumir actos de reparación cuando sea necesario.
Así las cosas, en poco tiempo la intimidad y la vergüenza serán palabras y actos en desuso y obsoletos.
-¿Qué piensa usted al respecto?
*Psicóloga, Profesora Titular Universidad de Manizales.
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