Fanny Bernal Orozco


La siguiente es una historia bastante común en nuestro medio y lo que más llama la atención es que sucede en hogares con firmes principios y dónde los padres fueron ejemplo de honestidad, respeto y rectitud.
Leticia y José llevaban treinta y cinco años de casados, seis hijos, tres nietos, nueras y yernos. Además de un patrimonio que con arduo y honrado trabajo fueron cimentando con los años. Los hijos recibieron buena educación, trabajo y se casaron. Todo parecía marchar bien.
Un día el padre se enfermó, en cuestión de dos meses su salud empeoró y murió. La señora Leticia en medio del dolor piensa qué va a ser de su vida en estos difíciles momentos. No han pasado tres días luego del fallecimiento de su esposo, cuando un yerno le llama y le pide reunir a todos los hijos y yernos para que ella explique cómo están los asuntos económicos y entrar a decidir el paso a seguir con los bienes que el esposo ha dejado.
Leticia se siente aturdida, no sabe a quién acudir para pedir consejo. Sus hijos se dividen, piensan según sus necesidades y dejan a la madre sola. Ella no sabe si sentir dolor por la muerte, rabia, con el yerno y con sus hijos. Le proponen inclusive hasta vender la casa donde vivió con su esposo. Ella, de manera sensata piensa que si accede, va a quedar en la calle, pues entiende que a su familia lo único que le interesa es el dinero.
Cuando pide el apoyo, manifiesta con dolor que su mente ha estado con múltiples ocupaciones y que entre las exigencias de su yerno y de sus hijos, no ha tenido el tiempo para llorar.
Por ahí dice la gente, que nadie es indispensable en esta vida. Sin embargo en casos como estos, se puede observar como algunas personas se transforman ante la ausencia de uno de los integrantes de la familia y de manera especial cuando hay dinero de por medio. Parecen como buitres al acecho y lo paradójico es que quienes más presionan y maltratan, son en muchos casos los más alejados y e indiferentes con las situaciones de la familia.
Estos amores sí que salen costosos, generan abandono, problemas emocionales, rencores entre la familia, alejamiento, enfermedades físicas, soledad y hasta depresión. A algunas personas les da temor y vergüenza contar sucesos como éstos y usan ciertos eufemismos para referirse a lo que ha sucedido. Les da pena expresar la verdad y asumir la realidad.
Surgen en estos casos varias preguntas: ¿Qué podrá tener un hijo en la cabeza cuando al morir uno de los padres no piensa sino en el dinero? ¿Qué sentirá la madre cuando los oye decir que todo hay que venderlo para repartirlo lo más rápido posible? ¿Qué papel juegan los que dicen no estar de acuerdo y se quedan callados? ¿Qué pasó con el ejemplo recibido? ¿Qué vínculo afectivo los unía? ¿Qué va a pasar con la madre? ¿Qué va a pasar con la familia? ¿Hubiera ocurrido lo mismo, si quien hubiera muerto fuera la madre?.
Leticia, no sólo expresa su dolor por la muerte de su marido. Tiene otros duelos, se ha quedado sin familia, no cree que pueda volver a confiar en ninguno de ellos y esto es tan doloroso como la misma muerte. En los Duelos hay que acompañarse y si se puede, arropar con ternura y dedicación a ese ser que está más vulnerable por la muerte. En esta familia nada de esto ha ocurrido. La madre ha quedado sin apoyo emocional y económico, en pocos días lo construido se vino abajo como si hubiera ocurrido un gran terremoto.
Todos los procesos de Duelo son diferentes. No obstante, es importante anotar que existen Duelos más fáciles de procesar y elaborar. En historias como la del día de hoy se nota no solo un gran dolor por la ausencia de un compañero, sino la soledad para tomar decisiones e inclusive para aprender a defenderse de aquellos a quienes por años se acunó y cuidó con paciencia y desvelo. Aunque el dicho popular afirme algo diferente, hay personas que son imprescindibles, sobre todo para dejar en orden muchos asuntos legales pendientes, ya que la muerte no pregunta si ya se tienen estos pendientes en orden y las cosas arregladas.
*Psicóloga
Docente Universidad de Manizales
fannybernalorozco@hotmail.com
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