Jaime Enrique Sanz Álvarez


Me recriminaba un amigo, abogado por más señas, que, en mi artículo titulado Caos, tal vez por el nombre mismo, dejaba la sensación que el mal era generalizado y, desde luego, ese no era el propósito del escrito, ni mucho menos lo que ocurre con la administración de justicia.
Tanto hablar de la corrupción y de los malos ejemplos en las altas cortes no debe llevarnos al olvido que, frente a tantas inconductas, existen muchos jueces y magistrados (incluso en las altas cortes) que, en forma silenciosa, juiciosa y diligente cumplen sus funciones y mantienen inhiesta la administración de justicia. Al hablar de caos permití se interpretara que lo era de la justicia, cuando se trataba de crisis en las altas cortes sobrevenida por malos procederes de algunos que, debían dar ejemplo. No descarto que la corrupción, o la falta de ética, o la indignidad se presenten en otras instancias o en otras actividades, pero ello no nos permite generalizar, mucho menos cuando tenemos cerca, o a la mano, modelos de conducta que nos permiten beber del pasado y corregir, pues las faltas son personales y, mucho menos puedo hacerlo yo, que tuve la fortuna de concurrir con jueces y magistrados que, en el ejercicio de sus funciones daban ejemplo y con su conducta testimonio.
No voy a hacer un listado de todos los caldenses que honraron y honran la administración de justicia, porque siempre me quedaré corto, como me quedaría si quisiera nombrar los jueces o abogados dignos de la magistratura. Para ilustrar la afirmación, para que la referencia tenga cuerpo, sin ofender a los que aún nos acompañan, pongo como ejemplo, las figuras de los magistrados del Tribunal Superior de Manizales, ya fallecidos que, fueron mis profesores o tuve el privilegio de compartir con ellos la magistratura: Jaime Giraldo Ángel, César Gómez Estrada, Hernando Gómez Mejía, Carlos Ramírez Arcila, Adolfo Vélez E., Ramón Marín Vargas, Clímaco Sepúlveda, Tulio Gómez Estrada, Julio Flórez Betancurt, Fabio Ramírez H., Filiberto Botero R., Agustín Santacoloma de los Ríos, Gilberto Mejía Ocampo, Fanny González Franco, Humberto Arango Jiménez, Hugo Isaza Mejía, Guillermo Buriticá Restrepo, Conrado Vargas Giraldo, Rafael I. Gaitán P., Gersaín Arias Vélez, Amanda Cujiño Gallego, Uriel Buitrago Alzate y los inolvidables compañeros de Sala Gabriel Trejos Espinosa y Evelio Martínez Hurtado. A sabiendas, dejo de mencionar, por interminable, otros muchos más, en ejercicio de funciones, dignos de reconocimiento. En los que menciono, con la aclaración de que son más, encontrarán los lectores, claros ejemplos del cumplimiento del deber. Eran además otros tiempos, aquellos en los que los magistrados y los jueces solo hablaban con sus sentencias y de éstas ni se opinaba, ni se anunciaban con anticipación. No se trata sin embargo de dignidades personales, se trata del cumplimiento del deber y del respeto a la dignidad del cargo.
Para aclarar que los errores o faltas de quienes con su conducta debían dar ejemplo, por sí solas no dañan las instituciones, ni desatan una crisis en la administración de justicia, simplemente agregaré que, en la mayoría de los municipios, aun los más alejados, podemos encontrar un joven, hombre o mujer que, luego de graduarse de abogado, quizás con una especialización, "…en nombre de la República y por autoridad de la ley" administra justicia. Ingresó a la administración de justicia mediante un riguroso concurso de méritos, cumple con su deber, en silencio sigue preparándose y espera continuar su carrera judicial. Todos ellos, cada hora, un día sí y otro también, enaltecen la condición de juez, honran su profesión y sirven a la patria.
Coletilla. La cita que de la obra "Historia Judicial de Caldas" hago en el artículo, trajo a mi memoria el recuerdo grato y agradecido del Dr. Otto Morales Benítez. Al Dr. Otto lo recuerdo desde mi infancia, crecí y me formé en Riosucio y, ello, desde luego, no es posible sin el contacto e influencia del más preclaro de sus hijos. Cuando lo busqué para que me hiciera el prólogo del tercer tomo su interés, apoyo e influencia fueron superiores. Me pidió el texto completo y lo remitió corregido, con consejos para la edición y el prólogo del tercer tomo, que remite a toda la obra y mejora el contenido. Durante el tiempo que duró este trato, la relación fue de profesor y alumno. Rescato especialmente su acogida a la obra y al autor, sus palabras de aliento y su insistencia para que mantuviera firme y constante el afán por escribir.
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