Jaime Enrique Sanz Álvarez


A propósito del despropósito de colocar en Cartagena una placa en honor de los ingleses caídos en la fracasada toma de las fortificaciones de Cartagena de Indias en la batalla de 1741, que podía haber perpetuado un texto desacertado con el reconocimiento a la memoria del agresor; por fortuna rectificado por la reacción popular en contra del desaguisado que, finalmente indujo a las mismas autoridades que lo promovieron a dar marcha atrás, aceptar su error y proponer un cambio, alguien con mucha gracia señalaba, sería tanto como que los norteamericanos, colocaran una conmemorativa en pearl harbor honrando la memoria de quienes atacaron y bombardearon la base.
Resulta cuanto menos curioso que este hecho haya ocurrido a tiempo que en España, patria del teniente general Blas de Lezo y Olavarrieta, culminaba la campaña emprendida en septiembre de 1912, luego de la inauguración en el Museo Naval de la exposición "Blas de Lezo, el valor de Mediohombre". (Que logró más de 80.000 visitantes en Madrid y más de 17.000 en Cádiz), que permitió dar a conocer públicamente la figura de Blas de Lezo.
La Asociación Monumento Blas de Lezo, nacida de aquellas muestras, culminó su labor, cuando, el 15 de noviembre de 2014, el Rey Don Juan Carlos en compañía de las autoridades locales, descubría una escultura de siete metros en bronce obra del artista Salvador Amaya, un monumento en honor del héroe olvidado, en la Plaza Colón de Madrid.
La investigación de la comisión les permitió una información muy completa del navegante vasco que desvirtúa leyendas pero deja incólume sus gestas más importantes: La defensa de Cartagena de Indias, cuando con 4.000 hombres y 6 navíos rechazó el ataque de 27.000 soldados y 186 barcos ingleses comandados por el Almirante Edward Vermon y su participación en la toma de Barcelona por las tropas de Felipe V en 1714, durante la guerra de sucesión.
Después del error, para mejor enmendarlo, las autoridades de Cartagena deberían traer a la ciudad la muestra "Blas de Lezo, el valor de Mediohombre".
Todos podemos estar algún día en el lugar o en el momento equivocado, por error, por descuido o, incluso, por mala suerte, en ocasiones ocurre que la situación se presenta por propia voluntad, "Una enfermedad buscada" dice el vulgo y, en ocasiones también con consecuencias no previstas, pero que pudieron evitarse, tantas que, aún las más notorias constituyen una lista interminable. Entre ellas: Las acciones del exministro Echeverri Mejía y el gobernador Gaviria, de la candidata Ingrid Betancourt. O la más reciente del general Rubén Darío Alzate M, quien, sin que se sepa el motivo, se metió solito, literalmente, en la boca del lobo, llevando consigo dos personas más y, al parecer olvidando que, no obstante ir de civil y desarmado seguía siendo un General de la República de Colombia que, por tanto, su secuestro o lo que a él pudiera pasarle ponía en alto riesgo un proceso de paz en el que, el gobierno de turno, con exagerado optimismo tiene puestas todas sus apuestas, no obstante que aún no ha pasado por las horcas cardinas, de darles a las Farc la impunidad y el boleto gratis para acudir al Congreso, pues sin ellas el grupo guerrillero no firma y con ellas el pueblo no lo aprueba.
Pero no todos los casos son altruistas, ingenuos o atrevidos. Hay algunos en los que se exhibe abiertamente, la arrogancia del poder o el irrespeto al alto cargo ejercido. Son ejemplos, debiera decir malos ejemplos, los asuntos policiales en los que se vieron envueltos el senador Merlano, quien exhibía, a viva voz, frente a los agentes que cumplían con su deber, el título que le otorgaban 50.000 votantes y el del Presidente de la Corte Luis Gabriel Miranda, quien luego de facilitarle a su hijo un vehículo oficial, sin conductor, para "una vuelta urgente", urgentísima resultó, interfirió en su condición de alto magistrado, en un procedimiento judicial.
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