Jaime Enrique Sanz Álvarez


Pasaron los carnavales de Riosucio y, no obstante vaticinios y vientos de desastre, riosuceños y visitantes disfrutaron de la programación tradicional y, pese las incomodidades propias de las programaciones callejeras, sus gentes siguen disfrutando de ese ingrediente que, de pronto es su principal elemento, su presencia multitudinaria. Para los que son de allá o, como de allá, el "encuentro" tiene un sabor especial. Significa reunión de familiares o amigos al calor de la tradición, cuando no, de la nostalgia en el recuerdo de personas o hechos irrepetibles. Para quien alguna vez hizo parte de una cuadrilla, se disfrazó, desfiló y cantó en proscenios y casas es revivir, volver a sentir el abrazo interminable con una fiesta inigualable. Caminar tus calles Riosucio "es un beso prolongado que te da mi corazón".
Al parecer existen diferencias entre los dirigentes, eso dicen las letras de las canciones, tal vez ese el motivo para anticipar una crisis, pero esta no se notó. El carnaval mantiene su esencia, la tradición sigue viva y fuerte. Fue notoria en sus actos principales: La llegada del diablo. El desfile de colonias. La presentación de las diecisiete cuadrillas infantiles, a propósito qué lujo de disfraces, qué bellas letras y la estupenda cartilla promocional auspiciada por el ICBF como: "Carnaval de los niños 2015" con una portada que presenta un diablo de juguete, cara redonda y cachos no agresivos y una contra portada con la cara de una niña disfrazada de bruja con la frase: "El bello rostro del carnaval". Y veintisiete cuadrillas de adultos, del pueblo, de las veredas, de los resguardos indígenas, de Supía, de las colonias, Manizales, Pereira, Cali, Medellín y Bogotá. Con disfraces lujosos, típicos, originales y hermosas letras. En el desfile y luego en los proscenios, en el Club Colombia, en las casas y en las calles y tablados hicieron las delicias de propios y extraños que, en masa llenaron las calles, plenos de la contagiosa alegría que depara esta fiesta sin par. "El carnaval atrapador como una enredadera…", como bien lo define el verso de Efraín Gartner N., sigue ganando adeptos.
Otro asunto es el diablo y la diabla, que de soslayo se coló en la fiesta, porque hasta donde yo sé, aquel no presumía de una, tal vez de varias, porque diablas, que las hay las hay. Parece que debemos acostumbrarnos a tener una figura del diablo cada dos años distinta. La de esta versión lo presenta dorado, imperial a horcajadas de un inmenso toro. A muchos gustará que presida la fiesta esta figura. Yo me quedo con el diablo guasón, juguetón o fiestero, al que se refiere el himno "…cuando alguno de diablo llovía vejigazos a más no poder" o el monumental negro con cachos y con cola, risa abierta mostrando todos los dientes, el calabazo en una mano y en la otra el tridente. Si se quiere presentar la diabla, que sea la figura adusta y chispeante que desfiló en la entrada de las colonias y no la que se exhibía en la Plaza de la Candelaria, una mujer desnuda con protuberantes atributos delanteros y traseros que no representa a la mujer, ni a la diabla, ni mucho menos a la fiesta.
Las letras, esto es, las parodias que se montan sobre músicas conocidas y pegajosas, se ocupan de distintos temas: Riosucio, el carnaval, la tradición y, desde luego, sátiras a los problemas o hechos notorios, la escasez o el costo de vida, la violencia, los gobernantes locales o nacionales, también la paz y como no, los diálogos de La Habana a los que se refirieron por lo menos siete cuadrillas. Como ejemplo:
Dioses del Engaño: "Demonios disfrazados astutos van a cuba / con diálogos pretenden a todos engañar / un Santos mamolero, astuto y muy servil / como un dios del engaño empeñado en confundir".
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