Duván Zuluaga
LA PATRIA | CHINCHINÁ
Nadie en la escuela Santa Elena, en la vereda La Esmeralda, conocida en el municipio como “El Infierno”, imaginó que un día les llegaría una visita cargada de sorpresas que les mejoraría su calidad de vida.
El Fondo de empleados de la Fábrica Buencafé Liofilizado de Colombia (Fonfabricafé) hizo presencia con regalos como un televisor, DVD, nevera, licuadora, mesas, sillas y obsequios para cada uno de los 40 niños que se educan en el lugar. Los elementos donados servirán para atender el restaurante escolar que había sido suspendido por falta de estos electrodomésticos para su funcionamiento, manifestó el representante de Fonfabricafé, Carlos Arturo Giraldo Henao.
Peripecias
Fueron muchas las peripecias que los empleados del fondo tuvieron que afrontar para llegar hasta el lejano lugar, a orillas del río Cauca, donde solo se accede en “marranitas”, impulsadas a veces por los mismos ciudadanos y en otras, por motos ensambladas a un rudimentario mecanismo que hace que se deslice por los rieles. El terreno es abrupto y cualquier falla mecánica o humana podría dar al traste y ocasionar un accidente que truncaría la meta de llegar con los enseres en perfectas condiciones a la escuela.
En su recorrido, el viaje resultó una hazaña, que los empleados están dispuestos a repetir, porque el proceso continúa el próximo año, con el mejoramiento locativo del restaurante escolar y la dotación de ayudas didácticas para los niños.
Formación hacia futuro
Una tercera fase, considerada como ambiciosa para los empleados del fondo, tiene que ver con la educación a futuro de algunos estudiantes de la escuela, a quienes se les hará acompañamiento en los procesos de formación, a la vez que se les proporcionará recursos económicos para que cursen estudios técnicos o carreras profesionales. Manifiestan que dichas ayudas estarán supeditadas a los buenos resultados académicos y al compromiso de la comunidad de la vereda.
Un profesor comprometido
Esteban Timarán Martínez, docente desde hace cuatro años de la Escuela Santa Elena, ha logrado ganarse el cariño y el respeto, tanto de los alumnos como de los padres de familia de la vereda. Dice que por cosas del destino, Dios le encomendó la misión de estar allí, aunque reconoce que es un lugar apartado y de difícil acceso. Agrega que cuando lo nombraron, le dijeron que iba para El Trébol, pero que cuando llegó allí, el rector lo asignó a la Escuela Santa Elena, o “El Infierno”.
Comenta que pese a ello, prefiere seguir enseñando allí, aunque ya le han ofrecido otros lugares. “adoro y recuerdo siempre mi gran Normal de Occidente, donde hice mi preescolar, primaria y bachillerato, siempre metido en el cuento de la educación. Me gusta trabajar con niños, lo hago desde hace unos 20 años”. Según Alberto Castaño Cruz, Esteban Timarán Martínez, profesor de este pequeño y alejado centro educativo, dejó rodar sus lágrimas, ante la alegría por tan maravillosos regalos.
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