
El misterio por la muerte del patrullero Jairo Díaz Vergara tendrá un final al que pocos le apostaban el pasado 27 de enero, cuando el uniformado se desapareció en la parte alta de Usaquén, puntualmente en los límites de los barrios Villa Nidia y Santa Cecilia. Fuentes allegadas a la investigación le revelaron en exclusiva a Q’HUBO que a Díaz lo mataron.
Así las cosas, la teoría entregada por las autoridades en el sentido de que el deceso del patrullero, oriundo de Chinchiná, Caldas, fue accidental queda sin sustento, ya que las conclusiones de las pesquisas ordenadas desde el momento del hallazgo del cuerpo así lo establecieron.
Desde la misma desaparición de Díaz se tejió un manto de dudas. Las primeras versiones daban cuenta que él y otros compañeros acudieron ante una llamada de la comunidad por la presencia de personas sospechosas. Después surgió la versión que su presencia obedecía a la búsqueda de un arma de fuego con la que el día anterior se cometió un asesinato.
Primera duda. ¿Acaso no es competencia de los investigadores de la Sijín (Policía judicial) recopilar elementos de prueba de un homicidio? ¿Por qué dejar esa labor a un patrullero de un CAI y más aún cuando Díaz estaba recién llegado a la Capital?
Antes de llegar a Bogotá, el patrullero prestaba sus servicios en Medellín. “Este es un dato valioso porque dará pruebas sobre el crimen de Díaz”, le contó a Q’HUBO la fuente de la unidad de la Fiscalía que maneja el caso. “Es desde ahí que se empieza a esclarecer este homicidio”, agregó.
Una vez reportada su desaparición, los organismos de socorro activaron los mecanismos de búsqueda. Bomberos, Defensa Civil, al igual que el grupo de rescate de la Policía, participaron en los operativos que no los llevaron a ningún lado. La parte alta de Usaquén se blindó porque el temor más grande de la Policía Metropolitana era el de un secuestro de uno de sus hombres (Díaz).
El miedo radicaba en los golpes dados a las bandas de los ‘Pascuales’ y ‘Luisitos’ que por décadas sembraron el terror en esa zona controlando extorsiones, microtráfico y homicidios selectivos.
Además, días antes a la pérdida de Díaz hubo dos hechos que marcaron el comienzo de año en esa zona. El primero, la masacre del día de los Santos Reyes donde asesinaron a seis personas. Posterior a ello, la presencia del presidente Juan Manuel Santos quien con los altos mandos militares y de Policía determinaron medidas especiales.
¿Cuándo se había dado tal presencia en una zona deprimida de la ciudad? De allí el temor de que Díaz estuviera secuestrado. En principio, tal hipótesis fue rechazada de plano por la Metropolitana que a lo largo de la búsqueda habló de “desaparición”.
Secuestro. Pero a los tres días de permanecer en la zona, se dio una orden que hace parte del expediente: el retiro de los voluntarios de la Defensa Civil y de Bomberos. Está decisión aún está por aclararse.
“Nos sacaron sin razón aparente y fue luego de que la versión de un posible secuestro llegó a oídos de los policías por parte de algunos moradores”, reveló a Q’HUBO un alto mando de la Defensa Civil que participó en el operativo y que pidió reserva de su nombre.
En el lugar quedaron expertos en rescate de la Policía quienes con perros entrenados recorrieron la zona en la que después apareció el cuerpo del uniformado. La nueva duda: si los canes tienen esa especialidad por qué no olfatearon al patrullero.
La razón para la Fiscalía es una sola: Díaz estaba secuestrado en las casas de la zona. Así lo han documentado con fotografías y videos investigadores del CTI que se han infiltrado en la zona, documentos que Q’HUBO tiene en su poder. Esas pruebas se centran en tres predios que están conectados por una red de túneles. “De allí que a Díaz nunca lo veíamos. Siempre estaba bajo tierra”, indicó la fuente del ente acusador.
De esto hay una prueba: una menor de edad que en algún momento mencionó que “el policía que buscan lo tiene secuestrado mi papá”. No obstante, nadie, en su momento, le prestó atención a la pequeña.
Milagro. Al día sexto y séptimo el tema dejó de ser atención en los medios y ya pocos se ocupaban del caso. Sólo sería hasta el noveno día cuando, luego de un torrencial aguacero, ‘milagrosamente’ apareció el cuerpo de Díaz en una quebrada que fue revisada varias veces, pero que, al parecer de las autoridades, el agua terminó por expulsar el cadáver.
Según Carlos Valdés, director de Medicina Legal, el cuerpo tenía de fallecido el mismo tiempo de desaparición, es decir, nueve días.
Antes del aguacero el sol típico de enero cubría el lugar, pero nunca un olor fétido fue detectado ni por la comunidad ni por los policías, ni siquera por los perros entrenados en rescate.
“A Díaz lo arrojaron en el caño. Lo sacaron de una de las casas y lo botaron, como quien bota una bolsa”, enfatizó la fuente.
De allí que Valdés haya dicho en rueda de prensa que Díaz presentaba muerte por golpes de caída de altura.
Lo de los golpes quizá sí, pero si estuvo todo ese tiempo a la intemperie, ¿por qué no hay ataque de agentes carroñeros (buitres, gusanos, entre otros)?
Otra de las pruebas que analizan es una llamada de la que tiene conocimiento el CTI y se dio en la tarde del aguacero. Una mujer llamó a la línea 123 y dijo que veía a varios hombres que llevaban al patrullero cerca a la ronda del canal de aguas. Poco después la mujer recibió una llamada en la que le interrogaban qué dónde estaba ella. La Fiscalía identificó ese número y determinó que se trata de una línea de la Policía.
Q’HUBO conoció que varios policías (entre ellos un alto mando y un alto oficial) estarían involucrados con la muerte de Díaz, nombres que por ahora no se pueden decir. Una conclusión a los que poco le apostaban cuando el patrullero Jairo Díaz desapareció.
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